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EFEMÉRIDES DEL MES DE JULIO: 9 DE JULIO DÍA DE LA INDEPENDENCIA


“Lejano 9 de Julio de una mañana divina…”

“Lejano 9 de Julio de una mañana divina/ un estanciero pasa estiba/ y el alma canta y trabaja…” Mientras yo hacía los deberes de la Escuela Primaria tuve uno de mis primeros contactos con la fecha patria. Mi madre mientras lavaba la ropa y hacía las otras tareas de la casa cantaba esta canción. La Escuela Primaria fue el otro lugar donde adquirí los primeros conocimientos sobre esta fecha y su importancia. Con el correr del tiempo, en todos los grados, a través de los libros de lectura que se usaban en esa época de los años 60 y con el refuerzo de estudio y recordación que nos brindaba el “Manual del Alumno Bonaerense”, se incentivaba en los/las alumnos//as el amor a la patria, el sentimiento de pertenencia a nuestra Argentina e identificación con ella. Así fue como egresamos de la Escuela Primaria con la idea de que nuestra independencia se había declarado en un momento en que había muchos problemas internos y externos, pero que no obstante esto, un grupo de congresales, alentados por San Martín y Belgrano habían tenido el coraje de declararla en medio de esas difíciles circunstancias.

En la secundaria, al profundizar nuestros conocimientos sobre el tema, pudimos advertir que si bien la voluntad popular era la de declararnos independientes y establecer la forma de gobierno republicana. Tanto los congresales como nuestros máximos héroes nacionales: San Martín y Belgrano eran partidarios de instaurar una monarquía. Y si bien el 9 de julio de 1816 se declaró la independencia de España, se filtró en la población la información que decía que el Congreso realizaba gestiones secretas a espaldas del pueblo para coronar a un príncipe extranjero como rey del Río de la Plata. Porque en Europa después de la derrota definitiva de Napoleón habían retornado los reyes a sus tronos y la idea era monarquizarlo todo, en contraposición a los tiempos de apogeo de Napoleón, donde la idea era republicanizarlo todo. Además, se pensaba que una nueva nación, sería más fácilmente aceptada por la comunidad internacional si era monárquica que republicana. En 1816 la única república exitosa que existía en el mundo eran los Estados Unidos, pero todavía no eran la potencia que serían después. Por ello, en ese momento, no ejercían la influencia internacional que empezaron a ejercer desde fines del siglo XIX en adelante.

Ante la desconfianza que despertaba el accionar del Congreso de Tucumán en el pueblo, y por presión de los caudillos federales, fue que se agregó en el Acta de Declaración de la Independencia el 19 de julio de 1816 la frase “y de toda otra dominación extranjera”. Ya que en el Acta del día 9 solamente nos declarábamos libres “del rey Fernando séptimo, sus sucesores y metrópoli” (España). A partir de este momento la imagen positiva del Congreso de Tucumán con su histórica “casita” que nos había legado la Escuela Primaria se diluyó. Aunque todavía se mantuvo la idea de festejar la fecha.

Hoy como adultos comprendemos que la declaración de la Independencia, fue y sigue siendo una decisión trascendental. Fue una ruptura similar a un divorcio que se produce en un matrimonio de varios años de duración. Para que un hecho tan grave ocurra entre particulares tienen que mediar: un acto de infidelidad, de violencia o de incompatibilidad de caracteres y de proyecto de vida en común. Cosas que en definitiva agoten al amor que los unía. Entre países, la lealtad se pierde también, como en el caso de los particulares por causas muy graves y serias. Cuando se produjo la Revolución de Mayo en 1810, hecho que inició el proceso que desembocó en nuestra declaración de Independencia en 1816. España llevaba ejerciendo sobre los países americanos de habla hispana, tres siglos. Y si bien siempre habíamos sido colonia. En los siglo XVI y XVII, durante los cuales reinó la Casa de Austria, se le dio a estas tierras, aunque sea en forma nominal, el nombre de reinos y además, España no ejerció una dominación asfixiante, sino que se popularizó la idea de “se manda, pero no se cumple” que consistía en no poner en vigencia en América leyes que no fueran aplicables, acorde a la realidad de este continente. Pero cuando llegaron los Borbones al poder, a partir del Siglo XVIII aplicaron el Despotismo Ilustrado, que si bien pretendía ser la cara amable del Absolutismo Monárquico, al que le incorporaron algunas ideas progresistas. Tenía una base que provocaba rechazo y que se resume en la expresión: “Todo para el pueblo, pero sin el pueblo”. Lo que privaba a este de toda participación en la toma de decisiones. Además, sin ambigüedades, los Borbones llamaron a sus posesiones americanas colonias y las trataron como tales. Durante el siglo XVIII lograron imponer su política centralista, aunque originaron movimientos de resistencia que pudieron ser aplastados. Algunos con mucha crueldad. Y esos actos represivos, fueron los que crearon el caldo de cultivo para que se produjesen a partir de 1810 rebeliones en casi todos sus dominios americanos.

A esta situación preexistente se le sumaron varios factores: La monarquía española entró en decadencia a partir del reinado de Carlos IV, que fue un rey incompetente, que no supo estar a la altura de las circunstancias y delegó en su favorito, el ministro Manuel Godoy, el manejo de los asuntos del reino y este no lo hizo correctamente; las invasiones inglesas les permitieron a los criollos (hasta ese momento considerados gente de segunda categoría) tomar conciencia de su valor y aumentaron su autoestima ya que lucharon codo a codo con los españoles para poder vencer a los ingleses; el monopolio comercial español que sólo favorecía a España, pero perjudicaba a sus colonias; la difusión en América de nuevas ideas que combatían el absolutismo monárquico y abogaban por la libertad de comercio y por último la invasión napoleónica a España que terminó de debilitar a la monarquía. Ya que se enfrentaron padre e hijo por la posesión de la Corona española. Circunstancia que capitalizó Napoleón para capturar a Carlos IV y a Fernando VII y colocar en el trono de España a su hermano José I. Esta circunstancia fue aprovechada en América para levantarse en armas contra la dominación española. Pero si la relación entre España y sus colonias hubiese sido otra, en vez de organizarse ejércitos para combatirla, se hubiesen formado para ir a ayudarla a expulsar a Napoleón de su territorio. Tal como hizo la India, que si bien venía bregando por obtener su independencia del Reino Unido, cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, en vez de aliarse con las potencias del Eje, se mantuvo leal al Imperio Británico y luchó a su lado posponiendo sus reclamos de independencia hasta después de concluido el conflicto. Obteniendo su independencia en 1947. Nada de eso ocurrió con España por los motivos que acabamos de explicar. Por ello nuestros antepasados tuvieron que luchar por nuestra independencia, la cual fue declarada durante la guerra de liberación, que recién concluyó en América del Sur el 23 de enero de1826, cuando se rindieron las últimas tropas españolas en la fortaleza del Callao (Perú). Pero como adultos sabemos que desde 1810 comenzamos a depender económicamente del Reino Unido hasta 1945 y desde 1945 hasta nuestros días de los Estados Unidos y los grandes grupos económicos. Por ello hoy la fecha para nosotros, no es de festejo, sino que es una evocación para tener presente que la independencia es una asignatura pendiente, es algo a lograr. Sabemos que no nos podemos conformar con la independencia política, con sólo existir en los mapas. Sino que debemos lograr ser soberanos sobre todo nuestro territorio, trabajar muy duro para lograr nuestra independencia económica, erradicar la corrupción, o al menos reducirla a niveles insignificantes para que no sea en vano el esfuerzo y agudizar nuestro ingenio para no estar dominados culturalmente por ninguna potencia, de modo tal de tener un equilibrado intercambio cultural con los demás países. Lograrlo será el mejor homenaje que le podremos hacer a quienes sacrificaron su vida, su salud, sus afectos y sus bienes para darnos la libertad y la existencia como nación.

Por Rubén Osvaldo Cané Nóbile


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