“Detrás de cada femicidio hay violencias que fueron advertidas, señales que fueron ignoradas y responsabilidades que no pueden seguir mirando para otro lado”

“Detrás de cada femicidio hay violencias que fueron advertidas, señales que fueron ignoradas y responsabilidades que no pueden seguir mirando para otro lado”
A once años de la primera movilización impulsada por el movimiento Ni Una Menos, una multitud volvió a manifestarse este miércoles en Chivilcoy para reclamar el fin de las violencias por motivos de género y exigir justicia por las víctimas de femicidio.
La convocatoria comenzó en el Monumento a los Fundadores y reunió a más de 600 personas que marcharon alrededor de la Plaza 25 de Mayo. Participaron mujeres, jóvenes, familias y representantes de organizaciones sociales, educativas y políticas, acompañados por los tambores del colectivo candombero La Ronda Catonga.
La movilización estuvo atravesada por la conmoción generada por los recientes femicidios de Agostina Vega y Dulce María.
Entre los mensajes que acompañaron la marcha pudieron leerse frases vinculadas a la prevención de la violencia de género, el pedido de justicia y la necesidad de un mayor compromiso social frente a
Durante la lectura del documento central y las intervenciones abiertas, numerosas jóvenes tomaron la palabra para expresar preocupaciones vinculadas a la asistencia a víctimas, el funcionamiento del sistema judicial y las respuestas estatales frente a situaciones de violencia.
La jornada concluyó con un mensaje común entre las distintas expresiones presentes: la violencia de género constituye una problemática social que requiere el compromiso de toda la comunidad.
La concejal, presidenta del Bloque Fuerza Patria, Constanza Alonso fue una de las participantes de la marcha y encuentro en el centro de la ciudad donde volvió a pedirse por Ni Una Menos.
En tal sentido la edil dejó en claro sus sentimientos por la sucesión de femicidios que siguen ocurriendo en el país: “Las calles de Chivilcoy volvieron a ser un lugar de memoria, de abrazo y de reclamo.
Nos reunió el dolor. Nos movilizó la bronca. Nos sostuvo la convicción de que no podemos acostumbrarnos a la violencia.
Marchamos por Agostina y por todas las que faltan.
Porque detrás de cada femicidio hay violencias que fueron advertidas, señales que fueron ignoradas y responsabilidades que no pueden seguir mirando para otro lado.
Cada mujer, niña o identidad feminizada que pierde la vida por la violencia machista nos obliga a preguntarnos qué pasó antes. Qué alertas no fueron escuchadas. Qué señales se ignoraron. Qué respuestas llegaron demasiado tarde.
Por eso seguimos marchando.
Porque ninguna vida debería depender de que alguien decida escuchar a tiempo”.