Reflexión lunfarda El chamuyo y el verso, en esta Argentina del siempre lo mismo…

Sin ninguna duda al respecto, vivimos en el ámbito geográfico y territorial, del país de las meras y vanas expresiones verbales y el Verso; la Argentina superflua, frívola e inoperante, de las excesivas y desmesuradas palabras, las grandilocuentes manifestaciones orales y, la trivial y fatua charlatanería, donde se habla y debate, de una manera abundante y superlativa – especialmente, a través de los programas periodísticos, los paneles de analistas, especialistas y consultores, y las distintas pantallas televisivas -, pero en muchos casos, se carece de la férrea y tesonera voluntad realizadora, la pujante capacidad de acción, los buenos logros positivos y, las realizaciones tangibles y concretas. Menos palabras, inútiles e insubstanciales, y más hechos efectivos y resultados… Vivimos en el país del Verso, donde abundan los rimbombantes anuncios, las fantasiosas e ilusorias promesas y, la mágica y ficticia visión, del presente y el futuro; pero faltan, la contracción, seria y comprometida, hacia el trabajo, de todos los santos y rutinarios días, el firme empeño hacedor, las auténticas ganas de cambiar y salir adelante, el espíritu de lucha, la conciencia del esfuerzo, la verdadera vocación de servicio y, el noble y genuino sentimiento, de patriotismo y argentinidad. Debemos hablar menos y trabajar más, como bien lo señaló en una ya lejana e histórica oportunidad, el notable y prestigioso pensador, filósofo, escritor y catedrático español, José Ortega y Gasset: “Argentinos, a las cosas…”, queriendo significar la importancia de la acción y la dinámica laboriosidad, para resolver las situaciones difíciles y complejas, los distintos escollos, los insalvables obstáculos y los graves problemas; dejando atrás, las concepciones abstractas, las especulaciones teóricas y, las simples y superficiales palabras, totalmente alejadas del mundo cotidiano y de la realidad… Vivimos en el país del Verso, donde por desgracia, no cambia nada, nunca pasa nada, todo queda en la nada – impunidad generalizada y absoluta -, siempre se habla mucho de lo mismo, todo es igual, todo da lo mismo y, todo termina inexorablemente siendo, siempre lo mismo… El país, de la gran locuacidad, los chantas, parlachines, bolaceros y chamuyeros, en el cual, hay gente que, se ha hecho y se hace rica, de una forma ilícita, sin trabajar, y contrariamente, siempre pierde, se empobrece y perjudica, la persona buena, honrada y laboriosa, que trabaja… Hoy, más que nunca, debemos predicar y sembrar, con el mejor testimonio de nuestra conducta y el buen ejemplo de vida, y recuperar los principios éticos y los valores morales, humanos y espirituales, como asimismo, el hábito, la mentalidad y, la sagrada cultura del Trabajo. Hoy, más que nunca, nuestra sociedad, debe entender que, necesitamos menos palabras, discordias, rencores, grietas y antagonismos, y más labor, esfuerzo, lucha y unión sincera y fraterna; recobrando el certero rumbo de la Patria del Trabajo, los ciudadanos de bien, la generación de empleo y riqueza y, las diferentes actividades productivas… No podemos aguardar resultados distintos, haciendo siempre lo mismo; los pueblos que olvidan su pasado, están condenados a repetirlo; para que triunfe el mal, sólo se necesita que los buenos no hagan nada, a fin de impedirlo, y los Hombres, al igual que los árboles, se conocen y aprecian por sus propios frutos… Existe un único rumbo posible: Menos palabras y más realizaciones, volviendo al saludable y esperanzado camino de la Educación, la Honestidad y el Trabajo.

El verso, por el procurador Carlos Armando Costanzo, fundador y director-organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano y miembro correspondiente, de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

Demasiado bolazo y mucho verso, que la van engrupiendo a la gilada; tanta vieja sanata remanyada, más enorme, que todo el universo. Se empaqueta a la gente, sin esfuerzo, con el tongo, la mula y la pavada, y después…, y después no pasa nada, tranquilino, fumá como un escuerzo… Demasiado bolazo, lungo y piola, el buzón que te venden, la parola, el espiche, que sabe engatusar… Demasiado bolazo, pipistrelo. Basta ya, de chamuyo y de camelo, hoy, es hora de hacer y laburar. Qué se rajen el chanta y el cuentero, las macanas, la fiera falsedad…, y qué triunfen, de un modo duradero, el trabajo pulenta y la verdad.

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