Argentina: Triste, pobre e injusta.


Me visitó tío Pepe y me dejó pensando una vez más. Se sentó en el living y desembuchó el monólogo que me estranguló el hígado y el páncreas:

- Para las fiestas se pone bravo Fermín… nuestro primo Lisandro sigue sin trabajo hace siete años, los sobrinos ni estudian ni trabajan desde los dieciocho y ya pisan los treinta pirulos. Se acostumbraron así viste, hasta la abuela le da para los puchos de la mísera jubilación que cobra. Mi hermano Enrique adicto al bingo y la cleptomanía. Es muy doloroso, es una enfermedad… que le vas a hacer… no lo vas a mandar en cana, y menos para Navidad y Fin de Año. Edelmira tu cuñada estuvo enferma todo el año. Tiene IOMA la pobre y no le cubre nada, y encima la medicación genérica que le consigue su hija en el hospital – porque ella no tiene obra social y se la dan a su nombre – no le hace efecto y anda a los tumbos. Dicen… si, dicen, que las cajas de aquí y de allá están vacías. ¿Así que a quien le podes pedir ayuda? Ahora eso sí, nadie quiere “mirar para atrás”. Es lógico, si en ese pasado están todos, los de ahora, los de hace poquito y los de hace algunos años más que hoy están de vuelta. ¿A quien volcarle culpas?

- Mirá Pepe, intervine para ir cortando – si lo que querés es hacer la fiesta de fin de año y año nuevo… pedí un préstamo. Guita no hay. Es cierto que la última vez que pedimos nos mataron con los intereses, pero… contame otra…

- Tenés razón, pero un crédito usurero no. Mejor hagamos un esfuerzo, y nosotros que todavía tenemos algo de trabajo pongamos un poco para el resto de la familia.

- ¡Otro año más! – explote. ¡Cuantos años de sacrificio son necesarios! Yo ya no tengo tiempo y años que regalar. El costo de un trabajador que paga todo lo que tiene que pagar en Argentina es superior a uno de Inglaterra, Francia o Bélgica. ¡Y con pésimo nivel de vida, sin igualdad en ningún aspecto y con derechos vulnerados en forma permanente! De clase medio media te digo. No cuentes más conmigo Pepe. No tengo más aire.

El silencio marcó el momento de angustia, hasta que Pepe redondeó una conclusión: - No hay nada que hacerle, somos pobres, y cada vez más pobres.

- Lo peor es vivir engañados. Y es como dijiste: somos cada vez más pobres, y sin poder saber quien se llevo en tantos años todo lo que era nuestro. Si habremos perdido cosas que hasta la memoria nos falla. Ni el tío Alberto se acuerda dónde están todos aquellos que se llevaron nuestra alegría, nuestra confianza y nuestros sueños por un país justo.

Guillermo R. Pinotti

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