EFEMÉRIDES DEL MES DE FEBRERO: BICENTENARIO DE LA ANARQUÍA DEL AÑO 20. FEBRERO

Cepeda, una batalla bisagra de la historia argentina

(1ª Parte)

El 1 de febrero de 1820 se libró la primera batalla de Cepeda de la historia argentina. En ella los caudillos federales Estanislao López de Santa Fe y Francisco Ramírez de Entre Ríos derrotaron a las fuerzas del Director Supremo José Rondeau, defensoras del centralismo porteño. Como consecuencia del triunfo federal se produjo la caída de las autoridades nacionales y dio comienzo la anarquía del año 20.

Hemos descrito en nuestra nota del mes pasado las graves consecuencias institucionales que tuvo la batalla de Cepeda. En el capítulo de hoy emprenderemos el camino de la sangre e iremos en nuestro relato hasta el campo de batalla para narrar lo allí acontecido.

Si a Ud. lo sorprendió la brevedad y contundencia del combate de San Lorenzo que se definió en 15 minutos, reserve parte de su capacidad de asombro para esta batalla que se definió en tan sólo 10 minutos.

Como sabemos los contendientes fueron los caudillos del Litoral, Estanislao López de Santa Fe y Francisco Ramírez de Entre Ríos, quienes se enfrentaron al Director Supremo, general José Rondeau en la Cañada de Cepeda. Ubicada en la provincia de Santa Fe, cerca del límite entre esta provincia y la de Buenos Aires.

El 1 de febrero de 1820 ambos bandos estuvieron frente a frente. Si bien los historiadores difieren en el número de tropas que tenía cada bando. Las cifras más aceptadas son las siguientes: los federales dispusieron de unos 1.500 hombres y el general Rondeau de 2.000.

Rondeau distribuyó sus fuerzas en una disposición clásica, con la caballería a los lados y la infantería y la artillería al medio; protegiendo sus espaldas quedaba una larga formación de carretas. Una posición defensiva fuerte, si el enemigo atacaba frontalmente. Pero en medio de la llanura, los federales no estaban obligados a hacerlo, porque sus tropas se componían exclusivamente de caballería. Por lo tanto no tenían infantería ni artillería.

En el bando porteño Rondeau tomó el mando de la caballería y delegó en el general Juan Ramón Balcarce el mando de la infantería y la artillería.

En el bando federal, pese a que la batalla se libró en territorio santafesino, López le dejó dirigir la acción a Ramírez, porque reconoció que este era más entendido que él en combates en regla, mientras que él se había especializado en acciones de guerrilla y hostigamiento. Golpear y huir eran la especialidad de López, pero en batalla propiamente dicha era Ramírez quien tenía experiencia.

A las 8:30 horas de la mañana los jefes federales cruzaron al galope la Cañada de Cepeda, rodearon el dispositivo defensivo de Rondeau y ocuparon su retaguardia. De inmediato atacaron a la caballería, mientras la infantería trataba de asomarse entre los carros y los cañones que aún apuntaban para el otro lado. La batalla duró aproximadamente diez minutos, y la huida de la caballería directorial -que casi no combatió- arrastró a Rondeau. Los infantes formaron dos cuadros defensivos y rechazaron varias cargas por tres horas. Estas fuerzas, de casi mil hombres, debieron retirarse hacia San Nicolás de los Arroyos (a orillas del río Paraná, a 60 km de distancia) y embarcarse de regreso a Buenos Aires, dirigidas por el general Juan Ramón Balcarce.

Los federales perdieron 40 hombres entre muertos y heridos. Las tropas directoriales sufrieron la pérdida de 300 hombres, entre ellos, 14 oficiales, 30 prisioneros, de los cuales, 3 eran oficiales. Además, dejaron en el campo de batalla 9 carretas con equipajes, víveres y monturas.

Los caudillos quedaron dueños de todo el norte de la provincia de Buenos Aires y avanzaron hacia la ciudad del mismo nombre. Dentro de ella cundió el pánico, pues la población temió ser víctima de los saqueos. Además, hay que tener en cuenta que los partidarios del centralismo porteño siempre habían descrito a los caudillos como verdaderos demonios, gente salvaje y cruel. Así que la imagen que tenía la población porteña de ellos era totalmente negativa.

El Congreso había nombrado, cuando Rondeau se alejó de la capital para enfrentar a los caudillos, Director sustituto a Juan Pedro de Aguirre, quien era alcalde de primer voto y el principal funcionario del Cabildo de Buenos Aires. Aguirre, ante la noticia de la derrota sufrida por las tropas porteñas, organizó la defensa de la ciudad en previsión de un ataque que se consideraba inminente y confió el mando de las tropas disponibles en el general Soler, quien concentró sus efectivos en Puente de Márquez.

Contra todo lo previsto, los caudillos prefirieron iniciar negociaciones de paz. Enviaron sendas notas al Cabildo porteño, expresándole que de momento, era la única autoridad que reconocían. De modo tal, que el Directorio debía desaparecer y el Congreso, que de Tucumán se había trasladado a Buenos Aires, debía disolverse. Además, exigían que se adoptase el sistema federal de gobierno.

Rondeau intentó aferrarse al cargo y negociar con los caudillos, pero estos no querían saber nada con él. Además el general Soler, que debía defender a Buenos Aires de los caudillos, estuvo de acuerdo con sus demandas. Ante esta situación el 11 de febrero de 1820 Rondeau presentó su renuncia y el Congreso se disolvió. Con lo cual cayeron las autoridades nacionales. En consecuencia el Cabildo se hizo cargo del gobierno en forma provisoria hasta que fueran electas las autoridades que gobernarían la ciudad de Buenos Aires y la provincia del mismo nombre, que ese día comenzó a recorrer su historia como provincia autónoma.

Por Rubén Osvaldo Cané Nóbile.

[1] Imagen tomada de http://www.barriocultura.com.ar/2017/02/01/2449batalla-de-cepeda/. Consulta del 01/12/2019.

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