Deconstruir la maternidad patriarcal: entre femicidios y Coronavirus.

Esta editorial quiere dedicar mi más amoroso reconocimiento a la ardua tarea que diariamente realizan dos de mis ex-alumnas de Moquehuá (Partido de Chivilcoy) a quiénes no he perdido de vista en estos años en los que ya nos volvimos - además de ser congéneres-en pares, adultas, profesionales, colegas y.... madres!!!

Y aquí Rocío Zoia y Manuela Bonfini vienen dando pasos con las botas de las siete leguas en una localidad fuertemente arraigada al ordenamiento opresor de la cultura patriarcal.

Llevan adelante maternidades desde un paradigma amoroso, potenciador de la autonomía de sus hijxs, poniendo en tensión los consejos y las prácticas de abuelas, vecinas, madres, y otras jóvenes de su edad que -en los mismos roles- no lo hacen.

Y se la bancan, lo que no es fácil en un lugar dónde viven, aproximadamente, más o menos 3000 habitantes, donde la estructura económica feudal impone la concentración de la tierra en pocas manos, los agronegocios estrangulan el futuro de todEs, y el machismo es la columna vertebral que ordena, controla, sujeta, sustenta, mantiene y sentencia a toda aquella criatura que ose salirse de los cánones fuertemente establecidos.

Mis exalumnas no se andan con chiquitas y basta ver en las redes sus publicaciones para que a una feminista se le hinche el pecho de amor y esperanza cuando advierte que ellas no tendrán que pasar por los infiernos que otrora me vieron pasar a mi cuando nos unía la relación alumnas-docente.

A ellas y a su grupo les debo no haberme entregado a la violencia de género, les debo haber tenido que decidir Ser una adulta que se hacía cargo de Ser y Hacer con su vida los valores que predicaba en aula.

Y cuando los años pasan y las veo promoviendo maternidades polémicas se me hace obligatorio decir que debe haber pocas tareas más profundamente políticas que la maternidad en este mundo.

Así, en tiempos del incremento de los femicidios que se cuecen en el aislamiento de la cuarentena, y de los desafíos y agobios que las tareas reproductivas del hogar y la maternidad como amorosa educación sin horario ni fecha en el calendario, sin vacaciones, sin sindicato, sin nada que amortigüe su enorme peso… así, ellas van mostrando que desde el respeto de considerar a sus hijxs personas SUJETXS DE DERECHOS, y no simplemente menorxs subordinadxs a la voluntad de adultxs que repiten una y otra vez una lluvia de opresiones heredadas de los consejos de abuelxs, tixs, vecinxs y cuánta persona mayor que jamás revisó las tristezas más agobiantes de su vida, se atreve a canalizar con los famosos “consejos por tu bien”, tan típicos y horrorosamente prácticos en lxs que la mayoría crecimos.

Estas dos jóvenes madres ya sea para acompasar a una beba amorosamente al ritmo de sus necesidades básicas psíquicas, como para promover la inclusión de un varón en las tareas reproductivas del hogar, deben enfrentar con su humilde humanidad al mundo y a 12 mil años de historia que se imponen cada vez que las dos necesitan una palabra de apoyo o el reconocimiento a su inexorable cansancio.

La maternidad así asumida: para producir un cambio en la historia, como lo hacen Rocío y Manuela entre otras tantas chicas jóvenes de este tiempo, es dificilísima, pesadísima.

Es como llevar un menhir cada instante de sus días sobre sus espaldas.

En cada decisión que toman, fundamentan y defienden resisten a todo un planeta y su inercia milenaria.

Yo no soy nadie, soy una vieja profesora de historia a punto de jubilarse; una mujer como tantas sobrevivientes de este Patriarcado asesino que a veces nos regala la oportunidad de conocer a otros hombres que no se enrolan en minorizarnos, sujetarnos en la servidumbre y ponerle un techo a nuestro desarrollo como personas.

Pero también es cierto, que si esos hombres no lo hacen es porque aquí estamos conscientes de nuestros derechos y de los de nuestrxs hijxs, conscientes del proyecto histórico del mundo basado en la libertad, la equidad y la ternura: las Rocíos, las Manuelas y las Malalas entre otras tantas que andamos parando el mundo cada 8 de marzo.

Estamos en mayo, el mes que dedicamos todos los años a desarrollar acciones en favor del Parto Respetado.

Pero después del parto viene la crianza y ahí, la vida es La Vida: es cuándo nos damos cuenta para siempre que se olvidaron de educarnos para ser Personas.

Como digo siempre y Rocío y Manuela tratan de defender cada día: que primero somos personas, que tal vez seamos mujeres u alguna otra identidad que también elige la crianza, pero madres, o xadres es otra categoría.

Es un rol político desde dónde escribimos la historia del mundo que viene, con niñEs libres dueñxs de sus cuerpos, de sus emociones, atravesadxs por la ternura y la política del cuidado como valores esenciales.

Bravo por mis ex-alumnas que, como siempre, sólo consiguen que sienta que la vida es una maravillosa oportunidad para mirar para atrás y gozar de los pasos dados con total honestidad.

En nombre de Rocío y Manuela abrazo a todas aquellas mamás que se juegan por un mundo más justo y por niñEs felices.

Lxs niñEs que gobernarán el mundo cuando quienes estamos leyendo esto ya no podamos con nuestros propios cuerpos.

Con amor y gratitud.

‘Malala’ (María Laura Razzari).

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