EFEMÉRIDES DEL MES DE NAYO: REVOLUCIÓN DEL 25 DE MAYO DE 1810

Un submarino para la libertad

En adhesión al 210 aniversario de la Revolución de Mayo publicamos este artículo que muestra las ideas imaginativas y altruistas que tenían algunos hombres que soñaban con hacer de nuestro suelo un lugar mejor.

En 1810, inmediatamente después de la instalación del primer gobierno patrio, el problema más grave que enfrentaba éste era la tenaz oposición de la Banda Oriental. El espionaje era habitual en las dos orillas del Plata y no se descartaba un ataque de los realistas desde Montevideo. Por esos días llegaba a Buenos Aires, procedente de Ámsterdam en el bergantín [1] mercante inglés “Patty”, el ciudadano norteamericano Samuel Williams Taber, con intención de radicarse en la zona del Río de la Plata y dedicarse al comercio. Taber tenía treinta años, había nacido en la ciudad de Nueva York y pertenecía a una familia acomodada de origen judío. Había arribado a Montevideo en diciembre de 1810, pero al tomar conocimiento de la revolución porteña, decidió pasar a Buenos Aires para sumar su esfuerzo a la causa emancipadora. Se presentó inmediatamente en el fuerte, donde expuso a los miembros de la Primera Junta los planos de un artefacto submarino que serviría para atacar a la flota realista. Su invento consistía en una especie de tortuga de madera con un taladro en la punta con el que Taber pensaba perforar el casco de los buques enemigos anclados en la rada [2] de Montevideo, a efectos de colocar allí los explosivos. La Junta nombró una comisión especial para que estudiara los planes de Taber, integrada por Cornelio Saavedra y Miguel de Azcuénaga, [3] quienes, mediante un informe secreto, aprobaron la idea; pues de ser efectivo el submarino, quedaba abierta la posibilidad de volar los polvorines flotantes de la armada española. [4] En menos de quince días comenzó la construcción del conocido solamente como “proyecto Taber”, dado el secreto con el que se desarrollaron las tareas. El mismo fue financiado enteramente por su inventor. A poco de iniciarse los trabajos, el norteamericano fue enviado a la Banda Oriental como espía con la misión de planificar en el lugar el ataque. Taber, una vez establecido en Montevideo comenzó a llevar a cabo su cometido realizando estudios de sondajes, [5] corrientes, etc. El 26 de marzo de 1811, junto con dos capitanes, dos subtenientes y un ingeniero, se disponían a huir del puerto oriental en una pequeña embarcación con el resultado de su espionaje, pero fue detenido, acusado de sobornar a marinos españoles. Cargado de cadenas fue llevado a prisión, donde permaneció hasta el 25 de mayo de 1811, en que, luego de muchas protestas, y mediante la intervención del cónsul norteamericano, y la única condición de que se embarcara en el primer navío que se dirigiera a los Estados Unidos y nunca más interviniera en los asuntos del Río de la Plata, fue liberado.

En agosto abordó la nave que lo llevaría a su país natal. Pero Taber era de esos extranjeros que aman más a nuestro país que muchos argentinos. Por ello descendió del buque en Río de Janeiro e inició el regreso, llegando a Buenos Aires el 10 de septiembre de 1811. Inmediatamente se reunió con los miembros de la Junta Grande para exponerles su plan, que consistía en atacar con su invento una fragata y un bergantín españoles que estaban amarrados en el puerto de Montevideo y eran utilizados como depósitos de pólvora. La Junta aprobó el plan y nombró a Taber capitán de artillería ad-honorem. Fabricada la embarcación, construida en madera, de entre ocho a diez metros de largo, pintada de negro y marcada con una “T” en blanco, sus partes son colocadas en un gran cajón de madera de pino, también marcado con una “T”. El 21 de octubre de 1811 Taber solicita permiso para trasladarse a la Ensenada de Barragán con todo el equipamiento a efectos de completarlo, armarlo y experimentarlo en aguas del río. Esto era necesario porque el bajo calado de las aguas del puerto de Buenos Aires hacía imposible la navegación del primitivo submarino. Además, hubiera llamado la atención de todos y no faltaría el delator que informara a los realistas. Jamás llegó a Ensenada, porque antes que la pesada carreta tirada por bueyes iniciara su travesía, el 22 de septiembre de 1811, cayó la Junta Grande y asumieron Juan José Paso, Manuel de Sarratea y Feliciano Chiclana. A los miembros del Primer Triunvirato les pareció arriesgada la idea del norteamericano y la descartaron, a pesar de que Juan José Paso había integrado la Junta que aprobó el proyecto de Taber. Jamás se supo cuál fue el destino del cajón con las partes del aparato. Taber siguió durante 1812 con su actividad de espía en Chile, y el 8 de noviembre de 1813 murió en la estancia de su amigo Richard Hill, situada a 50 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires, víctima de la tisis [6] adquirida en su prisión de Montevideo. En su testamento legó todos sus bienes al Gobierno Revolucionario. Los planos del submarino de madera desaparecieron, y la tortuga de Taber jamás pudo participar de la guerra de la independencia. Ninguna calle o plaza recuerda a este pionero del submarinismo en nuestro país, que puso su vida y sus bienes al servicio de su patria de adopción.

Rubén Cané

(Compilador)

Citas

[1] Buque de dos palos y vela cuadrada o redonda.

[2] Bahía o ensenada, donde las naves pueden estar ancladas al abrigo de algunos vientos.

[3] Los dos militares que integraban la Primera Junta.

[4] Estos documentos se encuentran en el Archivo General de la Nación (VII-7-5-14), aunque no se ha podido hallar el informe secreto suscripto por Saavedra y Azcuénaga.

Sidoli, Osvaldo, “¿El primer submarino argentino?” en “Historia y Arqueología Marítima” https://www.histarmar.com.ar/InfHistorica/PrimerSubmArgentino.htm. Consulta del 25/04/2020 y “El Submarino Argentino de 1810” en http://www.lagazeta.com.ar/submarino.htm. Consulta del 25/04/2020.

[5] Hacer las primeras averiguaciones sobre alguien o algo.

[6] Enfermedad en que hay consunción (el cuerpo se va consumiendo, extenuando y experimentando un enflaquecimiento) gradual y lento, fiebre héctica (propia de las enfermedades en las cuales el paciente se va consumiendo) y ulceración (pérdida de sustancia en los tejidos orgánicos, acompañada ordinariamente de secreción de pus y sostenida por un vicio local o por una causa interna) en algún órgano.

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