EFEMÉRIDES DEL MES DE JUNIO: 20 DE JUNIO: DÍA DE LA BANDERA Y BICENTENARIO DEL FALLECIMIENTO DEL GEN

BELGRANO, MAGNÁNIMO EN LA VICTORIA

Y SERENO EN LA DERROTA

En estos momentos en que nuestra atención se halla concentrada en el grave problema de la pandemia que ha provocado en el mundo la difusión del Coronavirus o COVID 19 y en la economía. No quise que pase nuevamente desapercibida la muerte de un hombre que consagró su vida a la patria.

El 20 de junio de 1820, cuando se produjo su deceso, nuestro país estaba inmerso en la anarquía y se había producido la disolución nacional y ahora, doscientos años después, sin desatender los graves problemas económicos y de salud; no podemos permitirnos caer en la ingratitud, el olvido, ni el desaliento. Sino que por el contrario debemos dedicar un momento a recordar la vida ejemplar de Manuel Belgrano. Un hombre bueno y que por serlo, como le ocurre a muchos de su condición, fue subestimado y por desconocimiento de su verdadera historia, hasta calumniado.

Para valorarlo en su real dimensión, tanto en circunstancias felices, donde no se ufanó de sus victorias, como en las derrotas donde no perdió la calma ni la fe; nada mejor que reproducir el testimonio de alguien que lo conoció personalmente. Este es el caso del general José María Paz, que estuvo bajo sus órdenes con el grado de capitán y trazó esta semblanza de la personalidad de Belgrano que aquí reproducimos:

“Dotado de un gran valor moral, no poseía el valor brioso de un granadero. En lo crítico del combate, su actitud era concentrada, silenciosa, y parecían suspensas sus facultades: escuchaba lo que le decían y seguía con facilidad las insinuaciones racionales que se le hacían; pero cuando hablaba era siempre en el sentido de avanzar sobre el enemigo, de perseguirlo, o si éste era el que avanzaba, de hacer alto y rechazarlo. Su valor era más bien cívico que guerrero. Por más críticas que fuesen las circunstancias, jamás se dejó sobrecoger del terror que suele dominar a las almas vulgares, y por grande que fue¬se su responsabilidad, la arrostraba con una constancia heroica. Jamás desesperó de la salud de la patria, mirando con la más marcada aversión a los que opinaban tris¬temente.

¡Honor al general Belgrano! Él supo conservar el or¬den, tanto en las victorias como en los reveses. Recuerdo que al día siguiente de la derrota de Ayohuma, hizo formar en círculo después de la lista, los menguados restos de nuestro ejército, y colocándose en el centro rezó el rosa¬rio, según lo hacía ordinariamente. Fuera de los senti¬mientos religiosos que envolvía esta acción, quería hacer entender que nuestra derrota en nada había alterado el orden y la disciplina.

Era sencillo en sus costumbres; sumamente llano en su vestido; parco en su mesa; moderadísimo en todos sus gastos y despreciaba altamente las distinciones nobiliarias. Agregando a esto su probidad, su pureza en el manejo de los caudales públicos, su desinterés, su rectitud, puede decirse que el general Belgrano no sólo dio nervio a la revolución, no sólo la generalizó, sino que le dio crédito y la ennobleció”.[1]

Otro testimonio nos lo brinda el comerciante José C. Balbín que lo co¬noció y nos dejó la siguiente descripción:

"El general Belgrano era de regular estatura, pelo rubio, cara y nariz fina, color muy blanco, algo rosado, sin barba; su cara era más bien de alemán que de porteño. No se lo podía acompañar por la calle porque su andar era casi corriendo; no dormía más que tres o cuatro horas. Era tal la abnegación con que este hombre extraordinario se entregó a la libertad de su patria, que no tenía un momento de reposo, nunca buscaba su comodidad, con el mismo placer se acostaba en el suelo que en la mullida cama". [3]

Creemos sin temor a equivocarnos, que las presentes circunstancias que rodean esta fecha, son una buena oportunidad para seguir su luminoso y positivo ejemplo. A la vez deseamos que desde algún lugar de la eternidad reciba nuestra gratitud y respeto.

Por Rubén Osvaldo Cané Nóbile

Citas

1) - Este fragmento pertenece a las “Memorias Póstumas” del general José María Paz, las que fueron publicadas en Buenos Aires por la Editorial Emecé en 1945 y que también fue citado por Iacobucci, Guillermo C. y Vitale, Juan P. en “Voces de América”, Buenos Aires, Kapelusz, 2ª tirada, 1ª ed.1969, pp. 72 y 73.

2) - Imagen tomada de Barbaglia, Elma E. y Barbaglia, Edith A., “Los Teritos”, Buenos Aires, 10ª tirada, 4ª ed. 1965, pág. 79.

3) - Etchart, Martha B.; Douzon, Martha C. y Rabini, María E., “Historia 2”, Bs. As. Ed. Cesarini Hnos. 8a ed. 1987, pág. 247.

Buscar por tags
No hay tags aún.