Diego Pérez “En medio de la pandemia ocurrió un hecho extraño, comenzó a tener movimiento la inmobil

Diego Pérez es ingeniero agrónomo, pero también martillero y corredor público. En el programa ‘Inta en la Radio’ describió la situación de la inmobiliaria rural a la que principalmente se dedica. Un repaso desde 2001 hasta la actualidad.

En principio, Pérez comentó: “En la crisis de 2001 la tierra encontró un valor mínimo y de la mano de los buenos precios de la soja empezaron a repuntar hasta 2007/2008 con una triple crisis: sequía tremenda, la resolución 125 que enfrentó al campo con el gobierno y la crisis financiera global de 2008”.

“Factores internos y externos provocaron que cayeran nuevamente los valores de la tierra pese a que los valores de los commodities seguían altos”, agregó.

Seguidamente, expresó: “Luego se acomodaron esos factores, la campaña siguiente fue buena, llovió bien, el conflicto con el campo terminó, así se volvió a repuntar hasta 2011 cuando surgió el cepo cambiario”.

“Los cepos cambiarios son complicados porque las operaciones de campo mayormente se hacen en dólares y la imposibilidad de acceder a esa moneda complican las operaciones”, explicó Pérez.

E indicó: “A partir de lo expuesto se produjo una especie de meseta que principalmente se da en los campos buenos que se resisten a la baja y siempre valen. Se caen más rápido los campos mixtos, ganaderos o de zonas marginales”.

“A partir de 2015 con el levantamiento del cepo cambiario facilitan las operaciones y los campos arrancan nuevamente en una curva ascendente en materia de precios”, resaltó.

Asimismo, precisó: “Cuando los precios suben, la actividad hace lo propio y la situación se mantuvo hasta mediados del año anterior cuando sube el dólar y su fuerte ascenso generó mucha incertidumbre”.

“En el inicio de la pandemia teníamos un mercado directamente congelado entre un dólar que no paraba de subir y la incertidumbre a nivel global complicó mucho”, espetó el corredor, y añadió: “En tanto que, en medio de la pandemia ocurrió un hecho extraño, comenzó a tener movimiento la inmobiliaria rural”.

“Existe un índice, el índice CAIR (Cámara Argentina de Inmobiliarias Rurales) que mide consultas; consultas que derivan en visitas, visitas, ofertas y finalmente operaciones concretadas que es un ítem más”, mencionó, y especificó: “El índice subió a partir de las consultas y las visitas, seguramente la buena cosecha anterior influye, además el precio de los granos evolucionó más un repunte de la carne”.

“Se incrementó la demanda de campos en alquiler para hacienda, la parte agrícola se mantuvo firme y se negoció de manera rápida y ágil como suele ocurrir pero a los mismos valores”, subrayó.

Además, expuso: “Noto que en el alquiler ganadero la gente no saca mucho la cuenta si va a ganar o no, quiere tener la vaca como una reserva de valor porque de repente no cuesta nada y de repente vale una fortuna. A ese excedente de dinero prefiere tenerlo en vacas que siempre es una muy buena opción”.

“Un piso de 30 kilos de carne para un campo por el equivalente de 0,6 vaca/ha, aunque es difícil de conseguir esos valores”, remarcó.

A este respecto, esbozó: “También varía mucho si al campo alguna vez le hicieron pastura y de ahí para arriba hasta 100 kilos vaca/ha dependiendo del recurso forrajero donde se pueda poner eléctrico, tener más de una vaca por hectárea y tenga una cierta aptitud el suelo que no sea clase 7 que es campo natural donde se encuentran los pisos de 30 kilos”.

“Con un clase 6 que se puede hacer una pastura o un clase 4 que es un agrícola regular se puede pagar más”, acotó.

Acto seguido, sostuvo: “La cuestión está en quién hace la pastura, si el dueño llega a querer invertir en las mejoras o en las pasturas tiene un alquiler alto garantizado, pero las pasturas son caras, una inversión a cuatro o cinco años. Por lo tanto, el contrato de alquiler tiene que ser también a largo plazo de tres a cinco años”.

“El agrícola algún día cambiará, por ahora se hace todo por contrato accidental aunque debería ser una excepción pese a que la ley de arrendamiento rural habla más de tres años que de uno”, deslizó.

En tal sentido, consideró: “En el contrato de un año es complicado para controlar las malezas difíciles, proponer un plan de rotación, debemos luchar para que en algún momento se haga un contrato de tres años tanto lo agrícola como ganadero”.

“Siempre pensé que los dueños no querían un contrato por tres años pero últimamente me tocó negociar alquileres con grandes empresas considerando que tres años les iba a convenir pero algunos me dijeron que no”, manifestó, y aclaró: “El productor medio de Chivilcoy dice que sí, pero las grandes empresas dicen que no al desconocer las condiciones del país, es lo que genera la incertidumbre económica que vivimos”.

Consultado acerca del futuro del mercado inmobiliario rural, Pérez estimó: “Me parece que habrá una intensa actividad del mercado inmobiliario rural hablando de compra – venta no de alquileres”.

“Habrá intento de compra pero con oferta agresiva porque existe una baja del 20 por ciento en dólares de los precios y por la brecha cambiaria, entre otros factores, entendemos que los precios tienen que bajar en dólares”, vaticinó.

“Quienes son vendedores sin tener cuestiones afectivas ligadas al campo, deberían convalidar una baja del 20 por ciento mínimo, caso contrario, no se hará la operación”, sugirió, y apuntó: “Los agentes inmobiliarios estaremos buscando a las personas dispuestas a hacer esa baja y los compradores a esa persona porque quien tiene los dólares pretenderá hacerlos valer”.

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