El Niño ya está instalado y se fortalece: qué puede pasar con las lluvias en los próximos meses

El Niño ya está instalado y se fortalece: qué puede pasar con las lluvias en los próximos meses
El fenómeno ya está instalado y los especialistas siguen de cerca su evolución. Mientras algunas zonas de la región pampeana esperan lluvias para recomponer los perfiles y avanzar con la campaña gruesa, otras regiones podrían enfrentar excesos hídricos. Qué puede pasar durante octubre, noviembre y el verano.
El Niño ya está instalado, pero el agua no está llegando de la misma manera a todos los campos. Esa es una de las principales particularidades del escenario climático que atraviesa Argentina mientras avanza la primavera y comienza a definirse la campaña agrícola 2026/27.
Las últimas semanas dejaron una situación que, a primera vista, puede resultar contradictoria: un fenómeno Niño que se presenta con una intensidad importante y, al mismo tiempo, regiones productivas que siguen esperando lluvias para recuperar humedad.
Las explicaciones de tres especialistas entrevistados durante septiembre permiten reconstruir cómo fue cambiando el escenario.
El 10 de septiembre, el climatólogo Mario Navarro anticipaba un Niño entre moderado e intenso, con lluvias importantes pero irregulares, posibles eventos de granizo y fuertes vientos, además de temperaturas que podrían alcanzar valores extremos durante la primavera y el verano.
Días después, el 16 de septiembre, la climatóloga del INTA María José Dickie advertía que las lluvias todavía no se estaban comportando como muchos esperaban en la región pampeana y que la señal más fuerte del fenómeno podía sentirse entre noviembre y enero.
Pero el panorama volvió a moverse. En una entrevista del 26 de septiembre, Germán Heinzenknecht, climatólogo y director de CCA Climatología, señaló que El Niño ya estaba instalado y explicó por qué, pese a su influencia favorable para las precipitaciones, septiembre había terminado mostrando una reducción de las lluvias en sectores importantes de la zona núcleo.
La conclusión que surge de las tres miradas es que el fenómeno está presente, pero su impacto sobre Argentina no será uniforme ni necesariamente inmediato.
El Niño está, pero la lluvia no llega igual a todos. Para entender lo que está ocurriendo hay que separar dos cuestiones.
Por un lado está la temperatura del océano Pacífico, que es la señal que permite identificar y seguir la evolución de El Niño. Por otro, la respuesta de la atmósfera sobre cada región. Y allí aparecen los matices.
Heinzenknecht explicó que durante septiembre dos irrupciones tardías de aire polar, junto con sistemas de alta presión, limitaron las precipitaciones habituales para esta época del año. El resultado fue una reducción de las lluvias justamente cuando varios cultivos y pasturas comenzaban a necesitar nuevas recargas.
El efecto se sintió especialmente en sectores de Córdoba y La Pampa, donde las reservas hídricas quedaron ajustadas y trigo y pasturas comenzaron a requerir nuevos aportes de agua.
“El fenómeno de Niño es un factor positivo para las lluvias pero su efecto se ve atenuado o modulado por condiciones climáticas regionales”, explicó Heinzenknecht, según el material de la entrevista.
Ese punto es central para entender el escenario que enfrenta el productor: tener un Niño fuerte no significa que vaya a llover de manera automática, pareja y al mismo tiempo en toda la región agrícola.
Octubre, la primera fecha que mira el campo: La expectativa ahora está puesta en octubre
Según Heinzenknecht, la climatología habitual de la región pampeana marca una recuperación gradual de las precipitaciones durante este período. Si esa dinámica se combina con la influencia del Niño, podrían mejorar las reservas de humedad necesarias para la campaña gruesa.
En el corto plazo, el especialista esperaba lluvias moderadas sobre sectores del sudeste de Córdoba y noroeste bonaerense, con acumulados de entre 15 y 20 milímetros. La expectativa era que esas precipitaciones pudieran aliviar parcialmente la situación, aunque sin resolver por completo el déficit.
Para el productor, la diferencia no es menor. Una lluvia moderada puede permitir avanzar con una labor o mejorar la condición del perfil, pero no necesariamente alcanza para garantizar agua durante todo el ciclo del cultivo.
Por eso, la evolución de octubre será seguida especialmente de cerca.
La soja y el maíz, pendientes de la evolución del agua
La situación llega en un momento particularmente sensible para la agricultura.
La falta de precipitaciones y las bajas temperaturas ya estaban condicionando el avance de la siembra en algunas regiones, según el análisis de Dickie. La especialista señaló que durante septiembre las lluvias habían sido normales o incluso inferiores a lo esperado y que en determinadas zonas se requerían nuevos aportes de entre 15 y 50 milímetros para mejorar las condiciones.
Las temperaturas también jugaron un papel. Según Dickie, las máximas de agosto habían estado alrededor de tres grados por debajo del promedio histórico, una tendencia que podía continuar durante septiembre, octubre y noviembre y afectar la germinación y el desarrollo inicial de los cultivos.
En ese contexto, las decisiones sobre la fecha de siembra adquieren especial importancia.
La especialista explicó que algunos productores habían optado por adelantar fechas para evitar eventuales problemas posteriores por excesos hídricos y reducir determinados riesgos sanitarios.
La estrategia, entonces, queda condicionada por una pregunta difícil de responder: ¿conviene aprovechar una ventana de siembra ahora o esperar una mayor disponibilidad de agua más adelante?
La respuesta no es igual para todos los lotes.
Un escenario de lluvias intensas, pero también de períodos secos
Mientras algunas zonas esperan agua, los pronósticos también advierten que el Niño podría generar episodios de precipitaciones muy importantes.
Navarro proyectó para septiembre y octubre lluvias de entre 100 y 215 milímetros en distintos sectores de la zona núcleo, aunque remarcó que podrían presentarse de manera irregular y alternadas con períodos de menor intensidad.
Esa irregularidad es uno de los aspectos que más preocupa desde el punto de vista productivo.
Porque el problema no necesariamente será la cantidad total de lluvia que reciba una región durante varios meses, sino cuándo cae, cómo se distribuye y qué ocurre entre un evento y otro.
Un cultivo puede atravesar una semana seca sin mayores inconvenientes si cuenta con reservas en el perfil. En cambio, una lluvia muy intensa en pocas horas puede generar anegamientos, erosión o problemas para ingresar a los lotes. Fuente: Agrositio.
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