“Con toda la muerte al aire”

En una muestra fotográfica María Eugenia Cerutti conecta la intimidad de la violencia machista con la violencia política
La Fotogalería 22 del Museo ‘Pompeo Boggio’ de Chivilcoy se convierte en un espacio de profunda reflexión con la exposición “Con toda la muerte al aire”, una muestra fotográfica de María Eugenia Cerutti que aborda un femicidio ocurrido en 1955 y lo entrelaza con el convulso contexto político de la Argentina de aquel entonces. La propuesta artística, que estará disponible hasta mediados de septiembre, busca generar un diálogo entre el pasado y el presente, invitando a la comunidad a pensar críticamente sobre la violencia de género y las estructuras de poder que la perpetúan.
El proyecto de Cerutti se centra en el brutal asesinato de Alcira Methyger a manos de Jorge Burgos en 1955, un caso que, en la terminología de la época, se catalogaba como un “crimen pasional”. La crudeza del hecho, que incluyó el desmembramiento del cuerpo de la víctima y la dispersión de sus restos por distintas zonas de Buenos Aires –desde Barracas hasta el Riachuelo, pasando por Villa Lugano y Martín Coronado–, conmocionó a la sociedad argentina.
La artista, a través de sus “fotos propias”, reconstruye visualmente los “escenarios del crimen”, los lugares donde Burgos abandonó los bultos con las partes del cuerpo de Alcira, envueltas en papeles de diario.
La elección del título “Con toda la muerte al aire” no es casual. Es un extracto de un cuento de Rodolfo Walsh que, aunque se refiere al robo del cadáver de Eva Perón, establece un paralelismo con la forma en que los crímenes privados pueden resonar con los grandes acontecimientos políticos.
En 1955, Argentina vivía un momento de extrema polarización y violencia, con el golpe de Estado y el bombardeo a Plaza de Mayo. Cerutti conecta magistralmente la intimidad de la violencia machista con la violencia política, sugiriendo que ambas son manifestaciones de una misma matriz de poder y dominación.
Para esta ambiciosa obra, Cerutti no solo generó sus propias imágenes, sino que realizó una exhaustiva investigación en archivos históricos. Consultó fondos de medios de comunicación de la época, el Archivo General de la Nación, las Bibliotecas Nacionales y el Museo de la Policía Federal. Esta fusión de imágenes contemporáneas con material de archivo permite a la artista recrear la atmósfera de aquellos años, al tiempo que interpela al espectador desde el presente. La muestra es un testimonio visual de cómo la historia se repite y cómo ciertos patrones de violencia y justificación persisten a lo largo del tiempo.
Un aspecto particularmente impactante de la exposición es el tratamiento de las imágenes forenses de la víctima, obtenidas del archivo del Museo de la Policía Federal. Cerutti decidió “velarlas” con una capa de pintura blanca, un procedimiento artístico que busca mitigar la crudeza explícita de las fotografías y, en cambio, invitar a una reflexión más profunda. La artista explica que mostrar la realidad de la manera más brutal a veces genera rechazo, impidiendo la empatía y el análisis crítico. Al velar las imágenes, busca que el público se acerque a la historia desde un lugar de contemplación y cuestionamiento, en lugar de la mera morbosidad.
La cobertura mediática del femicidio de Alcira Methyger en 1955 es otro eje central del proyecto. Cerutti analiza cómo los diarios de la época construyeron la narrativa del crimen, a menudo culpabilizando a la víctima y justificando el accionar del agresor. Esta práctica, lamentablemente, resuena con la actualidad, donde el discurso de la victimización secundaria y la justificación de la violencia machista aún encuentran eco. La muestra pone en evidencia cómo los medios de comunicación han contribuido históricamente a naturalizar y perpetuar la violencia de género, y cómo es fundamental deconstruir esos relatos.
Parte integral de la exposición es el libro “Yo no maté Alcira”, escrito por el propio Jorge Burgos mientras estaba en prisión. Este material, que Cerutti encontró en el Museo de la Policía Federal, es un documento escalofriante donde el asesino intenta justificar sus actos, argumentando que Alcira lo “trataba mal” y lo hacía sentir “un pobre infeliz”. La artista lo describe como “el ADN de la bestia”, ya que revela la construcción de una justificación que traslada la culpa a la víctima. Este libro, publicado en 2021 y con una segunda edición en 2022, es una pieza clave para entender la persistencia de los discursos machistas y la necesidad de un cambio cultural profundo.
El proyecto de María Eugenia Cerutti, iniciado en 2014, ha tenido un largo recorrido y ha sido reconocido con premios y el interés del público. La exposición en Chivilcoy es una oportunidad para que personas de todas las edades –jóvenes, adultos y mayores que aún recuerdan el caso– se acerquen a esta historia y a la propuesta artística. La artista destaca la importancia de estos espacios culturales para el debate y la transformación social, señalando que el interés de la gente demuestra que estos trabajos no son en vano y que es posible generar conciencia colectiva.
Actualmente, Cerutti está inmersa en un nuevo proyecto fotográfico que explora “los espacios del poder” en Argentina, también a través de imágenes propias y de archivo. Su trabajo continúa la línea de utilizar el arte como herramienta para la reflexión crítica sobre la historia, la sociedad y las dinámicas de poder.
“La existencia de fotogalerías como la Fotogalería 22 en Chivilcoy es crucial para difundir estas obras, ya que permiten que el arte no solo muestre, sino que interpele, incomode y movilice a la sociedad hacia una transformación necesaria para que la violencia, en todas sus formas, deje de ser una constante en nuestro país”, concluyó Cerutti.
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