David Miazzo: “Nuestra moneda pierde su valor por el simple hecho que no hay confianza”



El peso argentino fue la segunda moneda más devaluada del mundo en 2021, solo detrás de la lira turca en comparación con el dólar estadounidense. Mientras que, la moneda argentina se devaluó 14,7%, la turca sufrió una depreciación del 94,5%, de acuerdo con un informe elaborado por la empresa Bloomberg.

Otras dos monedas latinoamericanas -el peso chileno y el peso colombiano- siguieron a la argentina, con una devaluación del 11,1% y 10,6%, respectivamente.

También, el sol peruano, el won coreano y el bath tailandés se encuentran entre las monedas más devaluadas durante el año pasado.

A contramano, el dólar taiwanés, el renminbi (o yuan) chino y el dólar de Hong Kong fueron las que menos se devaluaron frente al dólar estadounidense en 2021.

Buscando comprender por qué nuestra moneda nacional se devalúa cada vez consultamos en Radio del Centro a un entendido en la materia como es David Miazzo, Economista en Jefe de FADA (Fundación Agropecuaria Para el Desarrollo de Argentina).

A este respecto, Miazzo cuando le planteamos la inquietud por el informe, espetó: “Y eso que fue en un año donde hubo un profundo atraso cambiario. Tuvimos una inflación superior al 50 por ciento y el tipo de cambio oficial subió apenas un 25 por ciento durante 2021 y seguirá siendo así.

Continuaremos teniendo una de las principales monedas que pierdan su valor por el simple hecho que no hay confianza, se sigue emitiendo; hasta el momento no existe ningún plan económico que exprese cómo intentará solucionar algunos de los principales problemas de la economía. Hasta tanto no se solucionen esas cuestiones, y de seguir imprimiendo como hasta ahora, no hay manera que nuestro peso deje de perder valor”.

Asimismo, el economista esgrimió: “Al peso no lo queremos ni los argentinos mucho menos será aceptado en el extranjero. El hecho de no quererlo no pasa por una cuestión cultural y que nos gusta más el dólar ni nada por el estilo sino por el simple hecho que de guardarnos un billete de mil pesos en el bolsillo después vale menos.

Si nos guardábamos mil pesos en enero del año anterior ahora precisaríamos $ 1.500 para comprar exactamente lo mismo. Es el motivo por el que no se quiere el peso y la gente ahorra en dólares, no es porque le guste más la moneda estadounidense y no sea nacionalista sino porque entiende simplemente que de guardar el peso mañana compra menos.

En tanto que, guardando un dólar en el largo plazo se mantiene el poder de compra”.

En cuanto a nuestra economía, Miazzo analizó: “Tenemos una gran presión impositiva en toda la economía, un nivel de gasto público enorme que genera déficit y para financiarlo precisamos de emisión monetaria o deuda, así y todo el que puede se va a la educación privada, a la seguridad privada, a la salud privada. De los principales servicios que debería brindar el estado, incluso con un gasto público monstruoso y presión tributaria asfixiante, no se llevan a cabo de manera adecuada”.

En relación a los congelamientos de precios, inflación y devaluación, consignó: “Los congelamientos de precios no funcionan en absoluto ni en la historia Argentina ni tampoco en el mundo. Comenzaron en la época del Imperio Romano y no funcionaron. Al congelamiento de precios lo llamo normalmente una postergación de precios, es lo único que se logra, aumentos que no se generan en los próximos tres meses por el congelamiento surgirán en los siguientes tres meses.

El problema no es de precios ni de la harina, ni de la carne, ni de los alquileres, no tenemos problemas de precios específicos en la economía de una cadena que le pase algo, que por alguna razón sube los precios o haya un empresario malo o haya algo de precio internacional.

Lo que tenemos es un problema de pérdida de valor del peso de manera constante y eso empuja a la inflación. Mientras ese problema no se resuelva cualquier congelamiento de precios que se haga significará una postergación en incrementos que no se darán hoy pero si mañana.

De alguna manera se subsidia la diferencia en los servicios, transporte o eventualmente se habla con las harinas de una suerte de fideicomiso para poner una especie de impuesto a las exportaciones para abonar esas diferencias pero nada de eso es sostenido en el tiempo y tiene sentido.

Mucho menos cuando observamos por ejemplo que durante el mes de diciembre el Banco Central emitió, para financiar el tesoro, $ 600 mil millones, con esa emisión monetaria por detrás es imposible que cualquier precio se quede quieto.

Mientras no se solucione ese inconveniente que genera la inflación, podemos congelar cualquier precio durante una determinada cantidad de meses y lo único que se logrará es simplemente patear el problema hacia delante”, cerró el economista.

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