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EL ASESINATO DEL POETA CARLOS ORTIZ (1ª parte)

Este jueves 2 de marzo se cumplen 113 años del atentado que le costó la vida al poeta Carlos Ortiz que fue víctima de la violencia política. Recordamos este suceso con la idea de que la lección de la Historia sea aprendida y hechos luctuosos como este no se repitan.


Introducción

El poeta chivilcoyano Carlos Ortíz falleció el 3 de marzo de 1910 a raíz de las heridas de bala que recibió el día anterior. E1 caudillo local Vicente Loveira (que en ese momento era senador provincial) fue señalado por la opinión pública como el instigador del crimen, por lo tanto, según esta teoría, sería el autor intelectual del mismo.

La muerte de Ortíz provocó su caída y lo convirtió en lo que hoy denominamos “un cadáver político”.

Loveira había sido el hombre fuerte de Chivilcoy durante alrededor de quince años, pero la muerte de un poeta, ya reconocido en el ámbito nacional por su trayectoria, fue el detonante que hizo estallar de indignación a un pueblo que ya no soportó más sus métodos de intimida­ción y violencia.

El escritor Alberto Ghiraldo (1875-1946), escribió un libro sobre este crimen titulado “Sangre Nuestra” en el cual se hallan reproducidos artículos periodísticos, discursos, comentarios, poesías, documentos y todo lo que de una u otra manera está vinculado con este hecho. Entre este material figuran las crónicas publicadas en el periódico de Antonio Seara llamado “El Debate”.


Contexto histórico

Para recrear el clima de la época comencemos por los antecedentes de este asesinato: Desde comienzos del siglo XX la “situación local” de la ciudad estaba en manos de Vicente Loveira, caudillo que había acrecentado su poder e influencia en la política bonaerense a partir del ascenso de Marcelino Ugarte a la gobernación de la provincia. En 1901 la ciudad de Chivilcoy había sido elegida -como centro de la 4ª Sección Electoral, situación que le permitía tener cierto peso político dentro del conjunto de los municipios bonaerenses- para lanzar la candidatura de Ugarte a gobernador de la provincia de Buenos Aires. El 21 de julio de dicho año, se celebró con esa finalidad una “fiesta cívica” en la cual se pusieron en movimiento los resortes de la maquinaria local y en donde Loveira pudo lucirse como exitoso organizador del evento. Sin embargo, el triunfo electoral de Ugarte traería como consecuencia graves dificultades para muchos caudillos de su estilo.

El ascenso de Marcelino Ugarte a su primer mandato como gobernador de la provincia de Buenos Aires (1 de mayo de 1902-1 de mayo de 1906), dio comienzo a una nueva etapa de la política provincial, en la cual el ejecutivo buscaría disminuir la autonomía de los caudillos locales e imponer una centralización del poder en torno a su figura. En este contexto, Ugarte no vaciló en recurrir al fraude y a la violencia política. Ambos métodos de obtener el poder se convirtieron en moneda corriente para mantener a los demás partidos políticos o grupos bajo control. Esta metodología le dio la fama de ser “uno de los hombres públicos más inescrupulosos de su tiempo”. Si bien al principio Ugarte se valió de una serie de alianzas concertadas con sectores alejados del mitrismo y el radicalismo, pronto tuvo que batallar con la fragmentación interna de su coalición, los Partidos Unidos, y en particular con los problemas derivados de su enfrentamiento con un antiguo aliado: Félix Rivas. Quien había servido de nexo entre el nuevo gobernador y los caudillos de muchas localidades de la campaña bonaerense, entre ellos Vicente Loveira en Chivilcoy. Ante esta situación, Ugarte se propuso desplazar a muchos de ellos y reemplazarlos por hombres de su confianza para ponerlos a cargo de los municipios que hasta ese momento estaban controlados por dirigentes de dudosa lealtad. El objetivo del nuevo gobernador era lograr liberarse de la tutela partidaria y acumular un capital político propio con vistas a una futura campaña presidencial. Ugarte decretó la intervención de varios gobiernos comunales y nombró interventores leales a su persona. Con estas medidas eliminó la autonomía de los municipios y les quitó a los caudillos locales las bases de su poder político. Uno de los métodos que tenía el oficialismo de librarse de sus opositores era la imposición de traslados. Víctima de esta metodología fue (entre otros) el Director de la Escuela Normal, profesor Alejandro Mathus (1870-1921) quien era un hombre de gran prestigio social, que había sido fundador de la Escuela Normal, era director de la misma en 1910 y presidente del Club Social de Chivilcoy. Institución adonde concurrían la mayoría de los opositores a Loveira. Por su manera de actuar se había convertido en una persona no grata para las autoridades locales, al no permitir que Loveira pudiera inmiscuirse en los asuntos relativos a la política educativa de la Escuela que tenía bajo su dirección.

Un primer intento de desplazarlo de la Dirección del establecimiento se produjo cuando la Escuela fue visitada por el inspector Guaglianone. Pero el resultado de la inspección no resultó favorable al oficialismo y Mathus mantuvo su cargo. El loveirismo siguió al acecho y la ocasión se les presentó cuando Mathus se ausentó de la ciudad y realizó un viaje a Mendoza.

En su ausencia la Escuela quedó a cargo del secretario. El oficialismo envió a una mujer de mala reputación a entrevistarse con alguna excusa con el secretario y al cabo de la reunión salió diciendo que el secretario había tratado de propasarse con ella. El oficialismo atizó el escándalo y logró que la Escuela fuera nuevamente inspeccionada y, esta vez intervenida. El inspector se hizo cargo provisoriamente de la dirección del establecimiento y cuando Mathus regresó, no le permitió la entrada. El próximo paso fue ordenar su traslado a la Escuela Normal de Mendoza. Con esta maniobra el oficialismo se libró de uno de sus más importantes y prestigiosos oponentes.

Es fácil advertir que de todas las medidas que estaba dispuesto a tomar Loveira de su arsenal para combatir a sus enemigos, los traslados, aunque dolorosos, eran de las más suaves en comparación con las otras que implicaban el uso de la violencia.

Para el miércoles 2 de marzo a la noche se organizó en el Club Social de Chivilcoy un banquete de despedía al Sr. Alejandro Mathus, que era miembro de la que podríamos llamar facción ilustrada del conservadorismo chivilcoyano, que no compartía la metodología de Loveira para hacerse del poder y mantenerse en el. Es decir, integraba el sector que repudiada las presiones, intimidaciones y la violencia. Métodos que no vacilaba en emplear Loveira cuando la política de seducción clientelar mediante el reparto de empleos, dádivas y favores se estrellaba contra la intransigencia de personas con convicciones. En particular con los que no se dejaban sobornar ni corromper y que además, no le temían. Pero este banquete en realidad no era sólo una demostración de afecto hacia el agasajado, sino también, un acto de repudio hacia Vicente Loveira (jefe de la situación política local) y contra su metodología de perseguir a todas las personas que no se sometían a su voluntad.

El banquete en tales circunstancias fue visto por el oficialismo como una demostración de fuerza de la oposición. La que quería poner en evidencia que a Loveira, solamente lo seguían aquellos cuyo favor compraba con los recursos del Municipio y otros a los cuales tenía comprometidos por la complicidad en ciertos negocios turbios.

El oficialismo entonces, se puso en pie de guerra y comenzó a trabajar para hacer fracasar el banquete. Para ello a algunas personas que habían comprometido su asistencia se les dijo que el banquete era un acto hostil contra la política de Loveira y que quienes asistieran deberían atenerse a las consecuencias. A otras se les hizo saber que su presencia en la fiesta daría origen a medidas de represalia por parte del oficialismo, que los perjudicaría en sus intereses. Y por último, se apeló al miedo, haciendo circular la versión de que en la fiesta ocurriría algo grave.

El señor Alejandro Mathus, antes de la realización del banquete en su honor y de repudio a su traslado forzado a Mendoza, había recibido varias amenazas de muerte e incluso le habían efectuado varios disparos intimidatorios contra su vivienda. Estos graves hechos delictivos no habían sido esclarecidos por la Policía.

Bajo ese clima se realizó el banquete al señor Mathus en el Club Social, al cual debían asistir, según lo previsto, ciento treinta comensales. Esa noche frente a las ventanas del club se agolparon numerosas personas que querían escuchar los discursos que se pronunciarían en tal especial ocasión.

Entre las numerosas colaboraciones que se encuentran en el libro “Sangre Nuestra” de Alberto Ghiraldo, encontramos un artículo titulado “Crónica” que lleva la firma de Carlos Soussens, en el que expresa que el poeta Carlos Ortíz presintió que algo malo iba a pasar en el banquete de despedida al profesor Alejandro Mathus.


Esto es lo que escribió Soussens:


“Como si tuviera un presentimiento de su trágica muerte, Carlos Ortiz decía, entre chanzas y bromas, á otro poeta de su íntima amistad”: '¿Por qué no vienes conmigo á Chivilcoy mañana? Se da un gran banquete... Tienes que pronunciar un discurso. Y te va á gustar. Tal vez haya una de San Quintín. El oficialismo nos prepara una de las suyas. En el fondo, si Mathus se va á Mendoza, es porque siente en Chivilcoy amenazada su vida'...



Rubén Osvaldo Cané Nóbile

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