El Niño marcará la campaña 2026/27: el INTA prevé más lluvias, pero advierte por anegamientos en Chivilcoy Natalia Gattinoni, meteoróloga del Instituto de Clima y Agua del INTA, analizó en Chivilcoy…

El Niño marcará la campaña 2026/27: el INTA prevé más lluvias, pero advierte por anegamientos en Chivilcoy
Natalia Gattinoni, meteoróloga del Instituto de Clima y Agua del INTA, analizó en Chivilcoy las perspectivas para el nuevo ciclo agrícola. Señaló que la mayor oferta hídrica puede favorecer al maíz y a los cultivos de verano, aunque advirtió que las lluvias intensas o frecuentes podrían agravar los excesos de agua en los lotes más bajos.
La campaña agrícola 2026/27 estará atravesada por el fenómeno de El Niño, un escenario que abre mejores perspectivas de disponibilidad de agua para los cultivos, pero que también obliga a extremar la planificación ante la posibilidad de anegamientos e inundaciones. Así lo explicó Natalia Gattinoni, meteoróloga del Instituto de Clima y Agua del INTA, durante su visita a Chivilcoy para participar del ciclo de charlas técnicas organizado en la antesala de la 74ª Exposición Rural.
La especialista sostuvo que, después de campañas condicionadas por La Niña, el nuevo ciclo presenta un panorama distinto para la región. El Niño favorece, en términos generales, una mayor ocurrencia de precipitaciones, aunque esa señal no elimina la variabilidad propia del clima ni permite anticipar con exactitud qué sucederá en cada lote o en una fecha determinada.
“Uno siempre se pregunta si será Niño, Niña o neutral. Ya pasamos por las Niñas que acompañaron la campaña anterior y, en este caso, vamos hacia un fenómeno de El Niño que ya está establecido”, señaló Gattinoni. Aclaró, sin embargo, que la información climática debe actualizarse permanentemente y utilizarse como una herramienta para tomar decisiones, no como una garantía de resultados.
Según la meteoróloga, El Niño tiene “dos caras” para la producción agropecuaria. El lado favorable es la mayor oferta hídrica: puede haber agua disponible en el perfil del suelo, capacidad para retener nuevas lluvias y una recuperación progresiva de las napas. Estas condiciones resultan importantes al ingresar en la primavera y el verano, cuando se realizan las siembras y comienza el desarrollo de los cultivos estivales.
También podrían registrarse temperaturas más templadas en la región, lo que reduciría la probabilidad de golpes de calor durante enero. Gattinoni remarcó que el riesgo nunca desaparece, pero consideró que un escenario Niño puede atemperar las condiciones de estrés térmico que suelen volverse más severas cuando predomina La Niña y falta humedad en el suelo.
El aspecto negativo aparece cuando las precipitaciones son abundantes, se concentran en poco tiempo o se repiten con alta frecuencia. En esas situaciones, un suelo saturado puede quedar anegado y, si el agua no encuentra una salida adecuada, derivar en inundaciones. La advertencia cobra especial importancia en Chivilcoy y en buena parte de la región por las características del relieve y la presencia de sectores bajos con dificultades de escurrimiento.
“Es un panorama que nos invita a contar con información y planificar”, resumió la especialista. En ese sentido, explicó que la gestión del riesgo deberá realizarse de acuerdo con las condiciones de cada establecimiento y de cada lote. El comportamiento de un terreno elevado y bien drenado no será igual al de otro bajo, con la napa cercana a la superficie o con encharcamientos previos.
Gattinoni identificó a noviembre, diciembre y enero como los meses en los que históricamente la señal de El Niño suele manifestarse con mayor claridad a través de las lluvias en esta región. Ese período coincide con una etapa decisiva para los cultivos de verano y, en particular, con el momento crítico del maíz.
La posible ocurrencia de lluvias durante noviembre y diciembre podría permitir que los suelos lleguen a enero con mejores reservas. Ese aporte funcionaría como un respaldo frente a jornadas calurosas o intervalos sin precipitaciones. Los últimos eneros, recordó, estuvieron caracterizados por altas temperaturas y períodos de déficit hídrico que sometieron a los cultivos a un fuerte estrés.
Sin embargo, la meteoróloga fue prudente al referirse específicamente a enero de 2027. “Hay que ser sinceros: no tenemos todavía la información de enero en particular”, indicó. Los pronósticos estacionales permiten reconocer tendencias y probabilidades para períodos amplios, pero no ofrecen el mismo nivel de certeza que los modelos meteorológicos de corto plazo.
Si las precipitaciones de noviembre y diciembre permiten recargar el perfil y sostener la disponibilidad de la napa, el maíz podría afrontar su etapa crítica con un riesgo menor. La situación sería diferente a la de una campaña que llega a enero con un déficit acumulado desde diciembre. De todos modos, Gattinoni insistió en que los productores deberán medir las lluvias, conocer el agua útil presente en el suelo y seguir la evolución de cada ambiente.
La especialista también fue consultada por los encharcamientos que ya se observan en algunos lotes de la zona. Explicó que el avance de la primavera traerá un aumento de la radiación y podrá favorecer la evaporación durante los períodos despejados. No obstante, la evolución dependerá del relieve, del estado del suelo y de la frecuencia con la que ingresen sistemas frontales capaces de generar nuevas lluvias.
Por esa razón, recomendó seguir especialmente los pronósticos de corto plazo y evaluar cada situación de manera particular. Una tendencia estacional húmeda no significa que lloverá todos los días ni que las precipitaciones se distribuirán de forma uniforme. Del mismo modo, un período de varios días sin lluvias no invalida el desarrollo de El Niño.
Respecto de septiembre, Gattinoni indicó que, con la información disponible al momento de la entrevista, los modelos mostraban probabilidades de precipitaciones hacia el cierre de esa semana y nuevamente hacia el final de la siguiente, pero no señalaban eventos destacados ni acumulados significativos. También anticipó nuevos ingresos de aire frío y descensos térmicos intercalados con jornadas de temperaturas más templadas.
El mensaje central de la exposición fue que El Niño no debe interpretarse únicamente como una buena o una mala noticia. Para la agricultura puede aportar el agua que necesitan los cultivos y moderar parte del estrés térmico, pero también generar excesos capaces de afectar la implantación, el tránsito por los campos y el desarrollo de las plantas. La diferencia estará en la capacidad de anticiparse.
Para los productores de Chivilcoy, la campaña 2026/27 exigirá combinar la perspectiva climática general con información concreta de cada lote: nivel de la napa, capacidad de infiltración, estado de los caminos, agua almacenada y pronósticos actualizados. En un contexto de mayor humedad, planificar fechas de siembra, monitorear los bajos y revisar el drenaje serán decisiones tan importantes como aprovechar el potencial productivo que ofrece una mejor disponibilidad de agua.
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