El Uros-Z, conocido como el barco fantasma del Paraná, volvió a quedar a la deriva

Una estructura metálica de 107 metros de longitud, popularmente bautizada como el barco fantasma del Paraná, volvió a soltarse de sus amarras y navega sin control frente a las costas de la provincia de Entre Ríos. El episodio que alertó a los navegantes fue captado por un pescador que logró registrar en video el estado del casco y envió las imágenes a medios locales.
El desplazamiento de la embarcación, identificada técnicamente como Uros-Z, se produjo a la altura de Puerto Curtiembre, en el departamento Paraná. Según las primeras evaluaciones, la suba en el caudal del río generó la fuerza suficiente para romper los cabos que sujetaban la estructura. Debido a sus dimensiones de 14,5 metros de manga y 6,70 metros de puntal, el desplazamiento sin rumbo por una zona transitada encendió alarmas, ya que carece de luces, boyas o cualquier señalización visual.
La historia del buque se remonta a principios de la década de 1990, cuando fue proyectado como un buque tanque químico con bodegas de acero inoxidable mediante financiamiento del Fondo Nacional de la Marina Mercante en el Astillero Corrientes S. A. Sin embargo, la empresa contratista entró en concurso de acreedores a mediados de esa década y el Estado nacional se quedó con la nave a cambio de absorber las deudas, iniciándose un extenso limbo administrativo donde ningún organismo reconoció jurisdicción.
Miguel Gutnisky, titular del astillero, relató los años de gestiones infructuosas ante distintas oficinas estatales e incluso mencionó una carta entregada al entonces ministro del Interior, Rogelio Frigerio. En el año 2000, bajo la presidencia de Fernando de la Rúa, se firmó un acuerdo con el Ministerio de Economía para retirar la estructura en un plazo de 60 días, promesa que nunca se cumplió mientras el casco permanecía a la intemperie.
Este incidente replica lo ocurrido en enero de 2018, cuando una crecida anterior rompió las amarras y el casco recorrió casi 60 kilómetros hasta que la Prefectura Naval debió custodiarlo. A pesar de los reclamos sobre el valor económico que aún conservan componentes como el motor avaluado en su momento en USD 2 millones y las bodegas especiales, la embarcación continúa varada sin vigilancia y sin un plan definitivo.