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“Estoy cumpliendo dos sueños que tenía desde hace muchos años: hacer una obra de Aristides Vargas y ser dirigida por Gustavo Delfino”

El viernes 10 de mayo estrena en Teatro La Cueva una nueva propuesta que subirá a las tablas después de 1 año y meses de ensayo: ‘Flores arrancadas a la niebla’ de Aristides Vargas, dirigida por Gustavo Delfino con las actuaciones de Elena Boggan y Juliana Méndez. Las entradas pueden reservarse al teléfono móvil 2346 – 513007 o adquirirlas directamente el día de la función en Rosetti 36.

“El estreno será el 10 de mayo a las 21 horas en el Teatro La Cueva y si el público nos acompañan seguiremos hasta el mes de junio”, expresó Elena Boggan, entrevistada en Radio del Centro.

Asimismo, señaló: “Es la primera vez que trabajaré con Juliana (Méndez) y es otro valor agregado, para mí es un enorme placer concretar un trabajo junto a ella porque es una gran actriz y lo demostró en ‘Bajo Terapia’ como asimismo en otras obras que estuvo, además de tener una experiencia en Buenos Aires y nos comunicamos muy bien”, y anticipó: “Las dos estamos en el mismo nivel de protagonismo aunque Juliana (Méndez) es artista, mientras que, en mi caso interpreto a una científica que sería la gran diferencia”.

Además, enfatizó: “Me encuentro muy bien pero también significa estar asustada en la víspera de un estreno, siempre aparece ante una primera función pese a la trayectoria que se pueda tener, no hay provocarlo si no que debe surgir de manera espontánea, la adrenalina de toda persona que se expone”.

 

-¿Qué significa participar de esta nueva obra?

-Estoy cumpliendo dos sueños que tenía desde hace muchos años. ‘Flores arrancaras a la niebla’ es una obra cuyo autor es Aristides Vargas, un argentino nacido en Córdoba aunque desde muy niño se fue a vivir a Mendoza así que se considera mendocino y se vínculo con cursos de teatro aunque a los 20 años le avisaron que debía irse del país porque estaba ‘marcado’ cuando transcurría el año 1976. Se fue a Ecuador donde vivió 8 años de manera indocumentada hasta la reapertura de la democracia en Argentina en el año 1983 aunque se quedó en Ecuador junto a los exiliados de otros países también y argentinos terminaron armando un grupo denominado ‘Mala Yerba’ que todavía está función logrando transformarse en un ícono del teatro Latinoamericano. Vargas comenzó a escribir y la primera fue ‘Flores arrancadas a la niebla’ donde el exilio lo marcó mucho, entonces hace alusión en su texto pero se mete en otros menesteres; lo más importante e interesante de la obra es una metodología dramatúrgica nueva, diferente y apasionante que trata todas las cuestiones dramáticas con humor haciendo que sea fácil la recepción del público porque es entretenida desde ese lugar debido a que el humor no falta nunca. Puede haber algún detalle muy liviano de drama pero no en forma trágica. Pese a abordar temas no tan cómicos porque el exilio no lo es, igualmente captura al público al abordarlo con sentido del humor.

Los analistas de sus obras destacan el valor agregado de estar transitando siempre por el humor pese a que los temas centrales no tengan esa característica.

Se trata de una obra que me apasionó de entrada e hice un curso en el año 2015 con Aristides (Vargas) y su esposa que fue maravilloso que se denominaba ‘Memoria y olvido en la acción dramática resultando muy linda la experiencia.

 

-¿El segundo sueño?

-Mi sueño era hacer una obra de Aristides Vargas y el otro sueño convertido en realidad pasaba por el hecho que Gustavo Delfino me dirigiera en alguna oportunidad, así que se me terminan cumpliendo ambos objetivos aunque sin buscarlo si no que surgió de casualidad. Ocurre que la obra iba a ser interpretada por Juliana Méndez con otra actriz y querían que las dirija pero de pronto la otra actriz que estaba en el proyecto original no pudo así que propuso que hiciera dupla con Juliana y preguntara a Gustavo Delfino si le interesaba dirigirnos. Me puse en contacto con Delfino, aceptó la propuesta de dirigirnos e inició el proceso.

 

-¿Cómo fue la construcción de la obra en los ensayos?

-La diferencia en relación al resto de las obras fue en la forma de trabajar debido a que con Gustavo Delfino tenemos mucho contacto online porque vive en La Plata, estuvimos con un director bastante ausente aunque marcándonos aspectos de manera virtual y en nuestro caso colaboramos con la creación al tratarse de una puesta en escena muy original para mi gusto.

Pese a que quiera evitarlo, en los ensayos Delfino nos marca cosas y trabajamos con mi compañera pero también aportó algunos aspectos relacionados a la organización del espacio escénico que me termina distrayendo un poco del papel de actriz y me cuesta mucho porque se me aparece la dirección siendo una dificultad a resolver todo el tiempo.

En ocasiones lo que no es buscado termina siendo mucho más rico de aquello que se encuentra anteriormente planificado, por eso hay que entrenar el estado de alerta de un artista para que de pronto, una palabra, un sonido poder incorporarlo también para aplicar en el escenario.

 

-¿La particularidad de la puesta en relación a otras?

-Estoy afrontando esta nueva obra luego de ‘Barranca Sánchez’ con un personaje completamente diferente al actual donde somos seres sin edad porque como se manejan temas que puede suceder lo que sucede en escena a una persona de 15, 30 o 60 años de edad.

La puesta en escena es muy original, sorprendente y el humor está presente siempre que es algo muy especial del autor. De hecho, cuando surge un momento de drama aparece mi compañera Juliana Méndez que rompe con un dato de humor.

 

 

-¿La composición del personaje?

-Me costó componer el personaje porque pese a amar a Aristides Vargas como autor se me iba a actuarlo de la manera clásico porque nunca abordé esta clase de estética y me resulta una experiencia completamente nueva siendo lo que más me apasiona; a esta altura de mi vida me encuentro con un camino que nunca transité en el teatro y la construcción es muy similar a un juego, estamos jugando en el escenario que puede sonar extraño pero es así y me costó bastante justamente por ese motivo debido a que soy muy cerebral en relación a querer que todo salga perfecto, no acepto los errores aunque tuve que dejarlo a un lado para poder jugar. No quiero perderme los textos pero a partir de una construcción diferente desde la creación.

Fue un proceso que superó el año de construcción la obra debido a que hubo momentos de interrupción por compromisos del director, luego retomábamos así que no fue muy fluida la puesta en escena pero el 29 de febrero sentimos que ya estábamos para estrenarla.

Tenemos el placer de contar con Graciana Saby de asistente en el Teatro La Cueva y nos ayudó muchísimo debido a que anotó todo lo expresado por Delfino, a partir de esas anotaciones aunque no estaba el director y con la obra armada, más texto aprendidos y dimos los toques finales a la puesta.

 

-¿Cómo es trabajar con Delfino?

-Como la apuesta en escena no es clásica porque con Gustavo (Delfino) nada es tradicional, quienes observaron sus trabajos saben que se encuentra afuera de todo lo tradicional, así que deben concurrir y observar la obra, por eso acepté trabajar con Gustavo y muy satisfecha de estar en una obra que él dirija.

Siempre como actriz busco algo más, nunca puedo quedarme encasillado en un personaje porque además es muy aburrido, si se transforma en un hecho rutinario no sirve para el arte que es algo vivo todo el tiempo.

Un día me preguntaron por la obra que más funciones hice y fue ‘Emilia’ con 300 funciones pero no me aburría porque una siempre es más distinta a la otra.



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