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La realidad de Miguel Melo

8 de julio de 2026 · Hace 12 min
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La realidad de Miguel Melo

Un productor ganadero de Chivilcoy, víctima de abigeato: "Me robaron 120 animales en 30 años y hay impunidad total"

Miguel Melo, un experimentado ganadero y vecino de la localidad, ha alzado su voz para denunciar una situación insostenible: el robo sistemático de ganado, un flagelo conocido como abigeato, que ha diezmado su hacienda y la de otros colegas durante décadas. En una reciente entrevista con "La Mañana del Centro", Melo reveló que, a lo largo de 30 años, ha sufrido la pérdida de 120 animales, una cifra alarmante que pone de manifiesto la magnitud del problema y la desesperación de quienes viven y trabajan en el campo.

Melo explicó que los delincuentes ya no se limitan a sacrificar animales in situ, sino que cortan alambrados y arrean el ganado hacia la vía pública para luego trasladarlo a campos vecinos. "Ya es robo, al cortar alambre y sacar los animales a la calle", afirmó Melo, describiendo una situación en la que los cuatreros operan con una impunidad que raya en la osadía. Estos animales, una vez fuera de la propiedad, son llevados a apenas 200 metros de distancia, a un campo "chacarero" (agrícola) cercano que, al no ser recorrido por sus dueños, se convierte en el escenario perfecto para la faena y el desposte, donde "trabajan tranquilos".

Tres Décadas de Pérdidas y Denuncias Ignoradas

La pesadilla de Miguel Melo no es reciente. Según su testimonio, los robos comenzaron a manifestarse con regularidad a partir de 1997 o 1998, coincidiendo con el momento en que alquiló su campo. Desde entonces, la situación se ha mantenido constante, con un promedio de al menos cuatro animales robados por año. Sin embargo, hubo períodos de particular virulencia, como el inicio de la pandemia de COVID-19, cuando en tan solo un mes le sustrajeron 20 animales, a razón de "cinco por día".

Esta escalada de violencia y despojo ha llevado a Melo a presentar una cantidad asombrosa de denuncias: "Radiqué no menos de 80 denuncias”, reveló, subrayando la persistencia de su reclamo ante las autoridades.

A pesar de la abrumadora cantidad de denuncias y de que, según Melo, las autoridades "los conocen" e incluso "tienen hasta el número de documento" de los responsables, la respuesta institucional ha sido prácticamente nula. El productor relató que, tras sus reiterados pedidos de ayuda, la policía y los funcionarios le han manifestado estar "atados de pie y mano", argumentando que sin una orden de allanamiento de la fiscalía, no pueden actuar. Esta burocracia y falta de acción efectiva generan un ciclo de impunidad que alimenta el delito. "Ahí queda todo pendiente hasta la próxima denuncia, que vuelve el mismo relato", lamentó Melo, describiendo una secuencia repetitiva que lo sume en la frustración.

La ausencia de patrullajes preventivos en la zona rural agrava aún más el panorama. Melo aseguró haber pasado "casi 24 horas en el campo" y durante "semanas enteras que no pasa" ningún móvil policial. Esta falta de presencia policial es particularmente crítica en su propiedad, ubicada en el Cuartel 1, una zona limítrofe entre la jurisdicción rural y la suburbana. Esta particularidad geográfica genera un "peloteo" de responsabilidades entre la Comisaría Primera y la Patrulla Rural, dejando a los productores en un limbo de desprotección.

El Impacto Económico y Emocional del Abigeato

Las consecuencias del abigeato trascienden la mera pérdida de animales. El robo de ganado representa un golpe devastador para la economía de los productores. Miguel Melo estimó que, en la actualidad, "cualquier animal hoy vale un millón y medio de pesos", lo que significa que la pérdida de 120 cabezas de ganado a lo largo de los años se traduce en una cifra millonaria. Pero el perjuicio no es solo monetario; es también una pérdida de "capital invertido" y de años de esfuerzo y trabajo. La ganadería, a diferencia de la agricultura, requiere de tiempos biológicos que no pueden acelerarse. "Acá a la biología hay que darle sus meses, sus años", explicó Melo, destacando que la ganancia reside en la producción a largo plazo. Además del valor intrínseco del animal, los cuatreros causan daños colaterales significativos. Cortan los alambrados, lo que provoca que el resto de la hacienda se disperse y corra el riesgo de salir a la ruta, generando un peligro latente de siniestros viales, cuya responsabilidad recae sobre el dueño del campo. La hacienda que logra escapar o que es correteada por los ladrones "se maleduca", se asusta y sufre alteraciones que afectan su desarrollo y, por ende, la producción. Esta situación ha llevado a Melo a tomar decisiones difíciles, como la "malventa" de terneros antes de que alcanzaran el peso óptimo, simplemente para evitar mayores pérdidas.

La Cuestión Social Detrás del Delito

Miguel Melo fue enfático al desmentir la idea de que el abigeato sea un delito impulsado por la necesidad o la "miseria". "Esto no es hambre, esto es vagancia", sentenció, diferenciando claramente entre el trabajador digno que busca empleo y la actitud de quienes optan por el robo para "comercializar" la carne. Esta distinción es crucial para entender la naturaleza del problema y despojarlo de justificaciones sociales que, a su juicio, no se corresponden con la realidad. El productor relató un incidente que ilustra la desfachatez de los delincuentes y la inacción de las autoridades. En una ocasión, un vecino lo llamó para informarle que "fulano de tal" le estaba ofreciendo carne, y le dijo: "Mirá que te carnearon a vos cinco animales". Melo dejó asentada la denuncia, pero la respuesta policial fue que no podían hacer nada porque el dueño de la moto utilizada para transportar la carne "la vendió". Este tipo de situaciones, donde la evidencia es clara pero la justicia no actúa, genera una sensación de impotencia y frustración que mina la moral de los productores.

La Crónica de una Muerte Anunciada y la Búsqueda de Soluciones

La falta de respuestas y la impunidad reinante han llevado a Miguel Melo a una conclusión sombría: "Es la crónica de una muerte anunciada. Va a ocurrir y a la brevedad". La previsibilidad de los robos, la reincidencia de los mismos delincuentes que cortan los alambrados "en el mismo lugar" y eligen "el mejor" animal, demuestran un conocimiento profundo del terreno y de las operaciones ganaderas. Melo incluso ha seguido "los rastros de los caballos los días de lluvia" y sabe "dónde van", pero esta información no se traduce en acciones concretas.Ante este panorama desolador, el productor se mostró totalmente de acuerdo con la propuesta de crear fiscalías especializadas en delitos rurales, una iniciativa que ya ha sido presentada en conferencia de prensa por una diputada de Alberti. La idea es que estas fiscalías cuenten con el conocimiento específico del sector y no mezclen los casos de abigeato con hurtos urbanos o arrebatos, que tienen una dinámica y una complejidad completamente diferentes. "Los conocimientos de la fiscalía son totalmente diferentes", afirmó Melo, destacando la necesidad de una comprensión profunda de la ruralidad para abordar eficazmente estos delitos.La situación ha llevado a algunos vecinos a abandonar la producción ganadera, especialmente en campos que no son aptos para la agricultura y cuya única rentabilidad proviene de la cría de ganado. "Hay un par de vecinos que dijeron 'no, no tengo más hacienda'", relató Melo, advirtiendo sobre el riesgo de que su propio campo se convierta en "otro campo abandonado, sin producir, ¿cuál paga impuestos?".

Un Llamado a la Acción y la Visibilización

El productor, a pesar de todo, sigue adelante con su producción, aunque reconoce que es por "porfiado".

Su salida a los medios de comunicación busca visibilizar una realidad que, al ocurrir en el campo, a menudo pasa desapercibida para la opinión pública y las autoridades urbanas. "Como pasa en el campo, no nos enteramos", señaló, contrastando la atención que reciben los robos de motos en la ciudad, que se viralizan rápidamente en redes sociales, con el silencio que rodea el abigeato.La esperanza de Melo es que esta denuncia pública sirva para "mover un poco" la situación y que, finalmente, se implante "justicia" y se trabaje en "seguridad". Reconoce que las medidas preventivas son limitadas, y que los productores están "atados de pie y mano".

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