“Los hombres de mayo no se quedaron en su casa esperando a ver qué pasaba; se comprometieron, corrieron riesgos y así fundaron lo que hoy disfrutamos”, sostuvo De Lillo
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En el marco del acto oficial por el 216° aniversario de la Revolución de Mayo, el secretario de Hacienda municipal, Eduardo De Lillo, encabezó la ceremonia realizada frente al Palacio Municipal y dejó un mensaje centrado en la reflexión, especialmente dirigido a los jóvenes.
Al inicio de sus palabras, transmitió el saludo del intendente Guillermo Britos, quien no pudo estar presente debido a una dolencia física transitoria, deseándole una pronta recuperación.
Acompañó el Coro Escolar de Primer Ciclo de la Escuela N° 43 con una presentación artística que emocionó a los presentes.
El acto contó además con la participación de autoridades municipales, educativas, fuerzas de seguridad, instituciones intermedias, colectividades, abanderados y vecinos de la comunidad.
Se realizó el desfile de abanderados y escoltas de instituciones, colectividades y fuerzas de seguridad.
Durante su discurso, De Lillo invitó a pensar el significado profundo del 25 de Mayo y sostuvo que la fecha no debe recordarse únicamente como un hecho histórico, sino como el momento en que un grupo de vecinos “se animó a pensar juntos el futuro”.
“LA PATRIA NO SE DEFIENDE CON ARMAS, SINO CON ACCIONES COTIDIANAS. LA PATRIA SE HACE CUANDO ESTUDIAMOS, CUANDO CUIDAMOS NUESTRO LUGAR, CUANDO NO NOS BURLAMOS DEL QUE ES DIFERENTE O MÁS DÉBIL”
Generalmente, cuando nos toca hablar en estas fechas, uno tiende a repetir lo que dicen los libros de historia o lo que ya sabemos de la Revolución de Mayo. Pero hoy, mirando a tantos jóvenes y chicos de las escuelas, me gustaría reflexionar sobre algo más cercano: la libertad.
A veces pensamos que la libertad es simplemente hacer lo que uno quiere, pero la libertad que soñaron aquellos hombres de 1810 era mucho más profunda. Era la libertad de pensar por uno mismo, de no aceptar lo que nos viene impuesto, de tener el coraje de decir lo que uno siente y cree, siempre con respeto al otro.
Hoy en día, la patria no se defiende con armas, sino con acciones cotidianas. La patria se hace cuando estudiamos, cuando cuidamos nuestro lugar, cuando no nos burlamos del que es diferente o más débil, y cuando somos capaces de escuchar a quien piensa distinto a nosotros. Eso es ser libres y eso es hacer patria.
A los jóvenes les digo: no dejen que les digan qué pensar ni qué ver. Tengan pensamiento crítico. La verdadera independencia hoy es tener el conocimiento suficiente para decidir nuestro propio destino y el de nuestra comunidad.
No podemos ser meros espectadores de lo que pasa. Aquellos hombres de mayo no se quedaron en su casa esperando a ver qué pasaba; se comprometieron, corrieron riesgos y así fundaron lo que hoy disfrutamos. A nosotros nos toca, desde nuestro lugar —como funcionarios, como docentes, como padres o como alumnos—, seguir construyendo esa nación que todavía nos falta terminar de armar.
Muchas gracias a todos por estar aquí, gracias a las escuelas por el esfuerzo de participar siempre y ¡viva la patria para todos!".
“DEBEMOS RETOMAR EL ESPÍRITU DE MAYO, EL ESPÍRITU DE UN PUEBLO UNIDO BUSCANDO LA LIBERTAD, DEFENDIENDO LA PREMISA DE QUE TODO SE CONSTRUYE CON LOS OTROS”
El inspector de Educación Secundaria de Gestión Estatal, Ezequiel Martini, brindó un mensaje en el que invitó a reflexionar sobre el verdadero significado de la Revolución de Mayo y el valor de la construcción colectiva.
“Seguramente, cuando escuchamos hablar del 25 de mayo, se nos vienen a la cabeza muchos recuerdos: actos del jardín, de la escuela primaria, el cabildo, la escarapela, los pastelitos, la discusión de si llovía o no llovía en la Buenos Aires de 1810, si había por estos lares paraguas, entre otros tantos recuerdos o discusiones.
Pero el 25 de mayo es mucho más que esos recuerdos. El 25 de mayo es la fecha precisa donde se inicia la Revolución, convirtiéndose en el hecho fundador de nuestra nacionalidad argentina.
Todo es mayo, pero fundamentalmente es el comienzo de un "ellos" y un "nosotros". Es el inicio de las discusiones sobre el rumbo de nuestro país, sobre la justicia, la equidad, la economía, la dependencia. La equidad, como repito, todavía en cuestión hoy en día.
1810 no cambió solamente una administración colonial por un gobierno propio; desafió el orden establecido, apostó por el debate, la soberanía popular y el pensamiento crítico. Aquellos hombres y mujeres asumieron la responsabilidad de construir los cimientos de una nación soberana en tiempos de mucha incertidumbre.
Pero además, cuando hablamos de la Revolución de 1810, no debemos olvidar a otros actores sociales que no fueron lo suficiente reconocidos por la historia oficial. Estos nombres no se encuentran en los libros ni en los manuales. Son actores que han sido relegados al olvido, como los sectores populares, las mujeres, los gauchos, los pueblos originarios, los afrodescendientes, los cuales fueron el motor social de la Revolución.
Muy particularmente, estos sectores populares, afrodescendientes y esclavizados representaban una porción muy importante de Buenos Aires y su rol fue crucial para presionar en las calles; nutrieron a los primeros batallones militares. Pero aunque quienes escribieron la historia intentaron invisibilizarlos, fue imposible borrar del todo a figuras heroicas, como el caso del sargento Antonio Ruiz, conocido como "Falucho".
Las mujeres patriotas, por otro lado, reducidas en la narrativa tradicional al rol femenino de convidar pastelitos o prestar sus casas para las tertulias; sin embargo, mujeres como Mariquita Sánchez de Thompson, cuya casa fue clave para la organización política, María Remedios del Valle, "Madre de la Patria" y combatiente, y Casilda Igarzábal, financiaron la causa, cosieron uniformes, hicieron inteligencia y participaron activamente en el frente, dando cuenta de este modo que su participación en la Revolución fue mucho más que simples cortesías y eventos sociales.
Aunque el foco estuvo puesto en la élite criolla urbana de Buenos Aires, no puedo dejar de mencionar a los pueblos originarios y a los gauchos. Todos ellos, desde el interior del país, sostuvieron el proceso independentista a largo plazo; fueron fundamentales para frenar el avance realista en el Alto Perú, soportando el mayor costo de vidas y recursos, a pesar de que sus demandas de tierras y derechos fueron ignoradas tras la independencia.
Este breve relato del rol de cada actor de la sociedad y, sobre todo, de los relegados de la historia oficial de hace más de dos siglos atrás, nos interpela directamente como sociedad actual. El espíritu de mayo no es una pieza de museo, sino un mandato que nos obliga a preguntarnos qué tipo de sociedad estamos construyendo en el presente. La independencia, la justicia social y la soberanía se ejercen día a día y requieren acciones concretas y sostenidas.
En el contexto actual, el mayor acto revolucionario que podemos protagonizar es el compromiso de hablar de nosotros mismos como pueblo. Este pueblo argentino que desde hace años se encuentra dividido, polarizado, enojado y actuando desde la individualidad. Debemos retomar el espíritu de mayo, el espíritu de un pueblo unido buscando la libertad, la independencia, defendiendo la premisa de que todo se construye con los otros y que todo lo que queramos lograr no será posible si no es desde lo colectivo, aunando valor, esfuerzo, unidad; no hay mejor método que no sea entre todos.
Frente a este escenario de individualismo, las escuelas —sí, las escuelas como siempre— tienen un papel fundamental en la construcción del sentimiento colectivo, en darle significado a la palabra "nosotros", en fortalecer el sentido de comunidad. Así lo hicieron los patriotas de 1810 y también esas mismas escuelas lo hicieron en épocas posteriores, recibiendo a miles de inmigrantes y logrando forjar en ellos el sentimiento de nacionalidad.
Los invito a pensar de manera colectiva, a pensarnos más como compatriotas, como argentinos, para seguir construyendo un "nosotros" que respete y valore a cada uno. ¡Viva la patria!”.






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