Maíz tardío: cómo medir el nitrógeno y ajustar la fertilización para ganar rinde

El cultivo de maíz tardío ganó un espacio muy relevante en la agricultura argentina gracias a su habilidad para reducir el impacto de la falta de agua durante la etapa de floración. No obstante, lograr mayor estabilidad climática no se traduce de manera automática en un mayor volumen de cosecha, siendo el manejo del nitrógeno uno de los principales factores que explican las diferencias de rendimiento entre lotes.
Como la siembra se realiza después de un barbecho más largo y cálido, la mineralización de la materia orgánica se ve favorecida y el suelo suele arrancar con mayor disponibilidad de nitrógeno. Por este motivo, el uso de dosis fijas sin un análisis previo puede encarecer la producción con excesos innecesarios o bien ponerle un techo al potencial productivo del lote.
El diagnóstico técnico arranca antes de la implantación con la cuantificación de nitratos en una profundidad de 0 a 60 cm, un dato que se complementa con la estimación del nitrógeno mineralizable en la capa superficial de 0 a 20 cm. A esto se suma la necesidad de contemplar el cultivo antecesor y la calidad del rastrojo, diferenciando el efecto de los cereales frente a leguminosas como la vicia en los planteos de cultivos de servicio.
Como referencia general para la toma de decisiones, los ensayos técnicos ubican el umbral de suficiencia cerca de los 170-180 kg de nitrógeno disponible por hectárea en presiembra, contemplando tanto el aporte del suelo como el fertilizante en el perfil de 0 a 60 cm. Un lote que proyecta una cosecha de 10.000 kg por hectárea requiere absorber unos 200 kg de nitrógeno a lo largo de todo su ciclo.
El momento de aplicación resulta tan relevante como la cantidad total del nutriente. Ante pronósticos de lluvias abundantes al comienzo del verano, fraccionar la dosis entre la siembra y el estadio V6-V8 ayuda a minimizar pérdidas por lixiviación o desnitrificación, mejorando notablemente la eficiencia en el uso de los fertilizantes y el margen económico final del productor.