Carlos Marchesini: "Los payadores trabajamos las 24 horas"

Carlos Marchesini: "Los payadores trabajamos las 24 horas"
El músico y payador chivilcoyano habló de la radio, los viajes por el país, la vigencia de la tradición, su relación con las redes y la posibilidad de bajar el ritmo después de cuatro décadas de carrera.
Carlos Marchesini pasó por La Mañana del Centro y convirtió la entrevista en una charla de sobremesa: recuerdos de radio, anécdotas de ruta, poesía, oficio y una mirada muy personal sobre el lugar de los payadores en el presente. El músico chivilcoyano, que lleva alrededor de cuatro décadas de actividad, reivindicó la radio como compañía y como parte decisiva de su recorrido artístico.
"Amo la radio", dijo apenas comenzada la conversación. Recordó emisoras que le abrieron puertas cuando empezaba, desde Radio Nacional Esquel hasta LU14 Río Gallegos y Radio Nacional Zapala. Para Marchesini, la radio no solo difunde: acompaña. En sus viajes, contó, encontrar un programa de tango puede acortar distancias y volver más amable cualquier ruta.
El artista también describió la cara menos visible de su trabajo. Frente a la idea de que el payador solo sube al escenario durante unos minutos, explicó que el oficio ocupa el día entero: escribir cuando aparece una idea, organizar viajes, contratos, hoteles, pasajes, redes sociales, cuerdas de guitarra y cada detalle de la presentación. "Los payadores somos payadores las 24 horas", sintetizó.
En esa línea, Marchesini defendió la necesidad de que la tradición dialogue con su tiempo. Sin renunciar al lazo, al rebenque, la jineteada o los temas clásicos del género, sostuvo que los payadores deben acercarse a los jóvenes con canciones y mensajes que hablen también de su presente. Para él, una canción de amor puede cruzar generaciones porque el amor, como la poesía, es atemporal.
La charla abrió paso a una reflexión sobre los poetas que permanecen. Marchesini citó versos, recordó a Gustavo Adolfo Bécquer y mencionó a autores populares cuya obra sigue viva más allá de sus intérpretes. Esa permanencia, sugirió, diferencia al poeta del cantor que solo presta la voz a canciones ajenas.
Buena parte de su vida artística estuvo marcada por los viajes. Dijo conocer todas las provincias argentinas, sus capitales, la Quiaca, Ushuaia, la cordillera, el mar en sus distintas provincias y rincones extremos del mapa nacional. "Es mi único capital", afirmó, al hablar de una riqueza hecha de caminos, pueblos, paisajes y memoria acumulada.
Marchesini también habló de la posibilidad de retirarse o, al menos, de reducir fuertemente su actividad. No lo planteó como un final inmediato, sino como una decisión que viene pensando hace tiempo. Quiere hacer otras cosas, vivir de otra manera y evitar que sea el propio oficio el que lo retire. Después de tantos años de escenarios, giras y festivales, siente que cumplió muchos de los sueños posibles que se había propuesto.
Entre esos hitos mencionó Jesús María, una vidriera fundamental para cualquier payador. Aunque llegó al festival con una trayectoria ya construida, discos grabados y mucho país recorrido, reconoció que ese escenario otorga prestigio, abre puertas y sigue siendo una referencia para los jóvenes que sueñan con dedicarse al oficio.
El músico se mostró optimista sobre las nuevas generaciones. Dijo que hay chicos talentosos acercándose a la payada y dejó un consejo simple: no cansarse. En su caso, la constancia implicó perderse cumpleaños, fechas familiares y momentos importantes, pero también sostener una vida elegida y construida con obstinación.
La entrevista también tuvo espacio para el humor y las redes. Marchesini contó que aprendió a usarlas porque hoy son una herramienta necesaria para llegar a nuevos públicos, aunque sus hijas suelen orientarlo sobre qué publicar y cómo combinar sus referencias tradicionales con contenidos más cercanos a los jóvenes.
Hacia el final, compartió una anécdota reciente: el robo de un poncho pampa en General Madariaga. Más que por el precio, lamentó el valor afectivo del objeto, compañero de viajes, hoteles y escenarios. "Hay cosas que tienen precio y hay cosas que tienen valor", resumió.
Con gratitud hacia la radio y hacia los oyentes, Marchesini cerró una conversación atravesada por el afecto, el oficio y la memoria. Entre la ruta, la guitarra, la poesía y los proyectos por venir, dejó una imagen clara de su presente: la de un artista que todavía disfruta del encuentro con la gente, pero que empieza a imaginar otra forma de administrar su tiempo.