La meta es la autovía, lo urgente es que la Ruta 5 hoy, sea segura.

La meta es la autovía, lo urgente es que la Ruta 5 hoy, sea segura.
Cuando una obra queda a medio camino bajo la responsabilidad de varios gobiernos que la tuvieron a su cargo, aparece la idea en la oposición política que, el acudir a la justicia es la solución. Sin embargo particularmente pienso que es precisamente el fracaso de la política ejercida
por los políticos de la oposición que no lograron aquello que es propio de sus funciones y lo lanzan
desentendiéndose al poder judicial. “Que lo resuelva la Justicia”.
En apariencia es lógico, pero no es razonable. Conviene ser realistas. ¿Se puede pensar seriamente que el Poder Judicial puede obligar al Poder Ejecutivo a terminar la ruta y
convertirla en autovía por vía del amparo? Bueno, como respuesta, es no conocer como funciona la justicia argentina. Conviene decirlo con franqueza: es muy probable
que un juez no obligue al Estado a terminar una ruta. Es como mínimo incierto y, en el mejor de los casos, lento.
Mientras que se coloca políticamente a la gente en una ilusión. La ruta cruelmente, sigue cobrando vidas.
Cualquier autovía es una meta que depende de presupuesto, contratos públicos y decisiones políticas. La seguridad inmediata no tiene por qué esperar. Y como la mayoría de
las tragedias son choques de frente, el reclamo tiene que ser
concreto.
En la división de poderes, la Constitución reparte las tareas. Decidir qué obras se hacen, en qué orden y con qué plata corresponde al Pode Legislativo, que aprueba el
presupuesto, y al Poder Ejecutivo, que lo ejecuta.
Los jueces controlan que se respete la ley, pero no administran. Cuando la Corte Suprema intervino en temas sensibles que fueron llevados por vía judicial, lo hizo ordenando planes y plazos, no diseñando obras ni asignando fondos.
Hay un reclamo más realista y, políticamente, mucho más difícil de rechazar por parte de los gobiernos. Es el exigir que los tramos peligrosos estén señalizado de forma profusa
y visible, sobre todo y especialmente, en los sitios críticos.
Para la colocación de cartelería, banquinas demarcadas, barandas, balizas y luminarias no se requiere una gran obra y grandes costos. El organismo a cargo de la ruta debe
mantenerla en condiciones de circulación segura y advertir
los peligros. Eso no es una "política pública" discutible, es seguridad elemental.
Pedirle que: “señalicen antes de que haya otra tragedia” pone al Estado ante una exigencia que casi nadie se anima a negar.
Terminar la ruta es una meta. Evitar que alguien muera en
ella es una urgencia.
Por Luis María Mariano
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