
Jennifer Simone y su distinción: “La idea fue visibilizar a la mujer rural en un ámbito que históricamente estuvo más relacionado a los hombres”
La chivilcoyana Jennifer Simone, integrante de la empresa familiar Simone Agro, fue distinguida recientemente en el Congreso de la Nación por su destacado desempeño en el sector como contratista rural.
El reconocimiento tuvo lugar en el marco de una jornada institucional conmemorativa por el Día Internacional de las Mujeres Rurales, desarrollada a través de un conversatorio impulsado por la senadora nacional Gabriela Valenzuela junto a la Fundación Barbechando, entidad abocada a articular la agenda legislativa con el ámbito agropecuario nacional.
En diálogo con Radio del Centro, Simone repasó las sensaciones que le dejó este homenaje institucional y describió cómo se gestó la convocatoria. “Fue muy sorprendente cuando desde Barbechando me convocaron para recibir este reconocimiento. A uno le cuesta sentirse merecedor de estas cosas, porque creo que no hago ni más ni menos de lo que hacemos muchas personas: trabajo con compromiso y con esfuerzo”, relató la joven entrevistada, expresando su gratitud por la visibilidad otorgada a su labor cotidiana.
El encuentro en el ámbito parlamentario reunió a cuatro mujeres abocadas a distintas ramas de la producción del campo y contó además con la presencia del legislador Maximiliano Abad. Simone detalló que el panel estuvo integrado por perfiles variados: “Participamos cuatro mujeres de distintos tipos de actividades, todas relacionadas con el campo. Una de las chicas reconocidas se dedica más que nada a frutales y cultivos cítricos; había una señora que es encargada de un campo agrícola y ganadero, y otra señora que trabaja en cooperativas regionales del litoral. La idea fue visibilizar a la mujer rural en un ámbito que históricamente estuvo más relacionado a los hombres, conocer qué nos lleva a estar en este rubro, qué desafíos encontramos y dejar un mensaje para que otras mujeres se animen a ser parte”.
Al recordar sus comienzos y su inserción en la pyme familiar, Simone reconoció que al culminar la escuela secundaria no se proyectaba dentro de la labor de campo tradicional. “Me costaba imaginarme arriba de una cosechadora o de un tractor; no era lo que más me gustaba y tampoco soy muy fierrera, a mí me gustaban más los números. Pero la empresa familiar te atraviesa tanto que es parte de uno. Desde muy chiquita, al estar con mi papá y con mi abuelo era ir al campo con ellos. Un año después de terminar el secundario, mi papá me ofreció si quería estar en la administración y ahí empecé a vincularme de lleno”, explicó.
En ese sentido, remarcó la profunda transformación que experimentó la gestión operativa en el agro moderno. “Hoy en día la parte administrativa tiene un rol súper relevante. Antes mi abuelo viajaba con un talonario y hacía la factura. En la actualidad la carga impositiva es mucho más grande, hay muchas obligaciones que cumplir y con la digitalización de los bancos se necesita un gran seguimiento; empezaron a jugar negocios más financieros y ya no es solamente ir a sembrar o cosechar”, puntualizó.
Consultada sobre el presente del sector de la maquinaria agrícola, Simone describió un escenario de marcada complejidad estructural para los prestadores de servicios. “Estamos viviendo una situación donde las máquinas son muy caras y no hay acceso a líneas de financiación con créditos simples de pagar. Eso genera un envejecimiento del parque de maquinarias. Normalmente el contratista no tiene el dinero todo junto para comprar una cosechadora o un tractor porque son montos muy elevados. Además, toda la tecnología hoy vale mucho y, si no lo podés reflejar en la tarifa que cobrás, se hace muy difícil invertir”, advirtió.
Frente a este contexto, hizo hincapié en la necesidad de profesionalizar el cálculo de costos y defender márgenes genuinos. “El gran desafío actual del contratista es que la actividad tiene que ser sí o sí rentable. Antes la falta de rentabilidad se suplía con créditos a tasas negativas que se licuaban con la inflación; hoy esa herramienta no existe más. Hay que poner la cola en la silla y conocer los números finos. Muchas veces el contratista va a trabajar sin saber cuánto va a cobrar o acepta el precio que fija el productor. Si te desplazás en carretón, el costo de mover las máquinas es altísimo; la cantidad de hectáreas ya no suple lo que te falta en la tarifa, y si no cuidás eso te comés las amortizaciones y tu propio patrimonio”, argumentó.
Por otra parte, abordó el papel gremial de la actividad y la necesidad de una mayor representatividad institucional, mencionando el rol de su padre, Fredy Simone, al frente de la Federación Argentina de Contratistas de Maquinaria Agrícola (FACMA). “El contratista logró muchísima visibilidad este año, pero todavía falta. Hay un gran reclamo de poder estar en la Mesa de Enlace, sobre todo porque el contratista es intensivo en mano de obra y hoy no forma parte de la discusión gremial sobre los sueldos de maquinistas y tractoristas. También se necesita actualizar la ley de tránsito agrícola, que quedó obsoleta para las dimensiones de los equipos actuales. Quienes somos contratistas exclusivos tenemos que salir del galpón e ir a trabajar a La Pampa o Tandil por las rutas, y ahí surgen muchos inconvenientes”, remarcó.
En el plano de la formación y la participación comunitaria, la entrevistada comentó que hasta el año pasado se desempeñó como presidenta del grupo CREA de contratistas (“un espacio sin fronteras territoriales que me potenció para profesionalizarme”), y anticipó que en diciembre próximo prevé recibirse tras retomar sus estudios. A su vez, valoró la apertura intergeneracional que encontró en su propia familia: “Mi abuelo tenía cincuenta años de campo y mi papá treinta, pero siempre le dieron valor a mi palabra y a lo que tenía para aportar. No se trata de jóvenes contra grandes o mujeres contra hombres, sino de retroalimentarse y complementar miradas distintas para lograr mejores resultados”.
“A las mujeres les digo que se animen y tomen las oportunidades. Sabemos que no es fácil porque están los hijos, la casa, la pareja y la familia, pero cuando uno se empieza a sentir realizada en estos espacios la satisfacción es inmensa. Por más pequeño que parezca lo que cada una aporta en el día a día, todo suma para construir grandes cosas”, concluyó.
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