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Una Belga muy argenta — Meline destacó que el intercambio: “te permite encontrarte con gente nueva de todo el mundo, aprender un idioma y descubrir diferentes costumbres y maneras de vivir”

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Meline destacó que el intercambio: “te permite encontrarte con gente nueva de todo el mundo, aprender un idioma y descubrir diferentes costumbres y maneras de vivir”

En Chivilcoy se encuentra residiendo desde casi un año, Meline Isaac, una estudiante de intercambio de Rotary de Bélgica.

Al momento de la entrevista con La Mañana de Centro, Meline lleva 9 meses viviendo en nuestra ciudad aunque ya se había graduado de la preparatoria en Bélgica en junio del año anterior (requisito necesario para ser intercambista en su país) asistió al Colegio Normal para aprender español, conocer a otros jóvenes e integrarse a la vida local y conocer la forma de estudio en Argentina.

En Bélgica, su jornada escolar transcurría de 8:00 a 16:00, con almuerzo en la escuela. En Argentina, asiste de 7:00 a 12:40 sin comer en la escuela, pero teniendo descansos más frecuentes entre clases en relación a su país de origen. También notó estructuras matemáticas más avanzadas en el currículo belga.

Apreció profundamente el lenguaje cariñoso en el trato y la calidez general de la cultura Argentina.

En la radio, su padre anfitrión, Jorge (Moriggia), elogió su increíble adaptación. Se convirtió en una ferviente aficionada al mate amargo diario. También se enamoró de la cultura futbolística argentina, tras visitar los estadios de River Plate y San Lorenzo, comentó Jorge.

Gracias al programa Rotary, realizó ‘largos viajes’ en autobús para explorar tanto el sur de Argentina (Puerto Madryn, Calafate, Trelew, Esquel, Bariloche) como el norte (Iguazú, Salta, Jujuy, Catamarca, La Rioja, Córdoba) aunque disfrutando de poder compartirlos con demás intercambistas y de cada paisaje.

El programa de intercambios culturales de Rotary Club no solo tiende puentes entre continentes, sino que transforma vidas en el proceso. Así lo demuestra la historia de Meline, una joven oriunda de Samart —un pequeño pueblo de 2.000 habitantes en la frontera entre Bélgica, Francia y Luxemburgo— que eligió a la Argentina como su primer destino y terminó adoptando a Chivilcoy como su segundo hogar.

A nueve meses de su llegada y transitando el tramo final de su experiencia junto a su tercera familia anfitriona (la familia de Jorge y Mabel), Meline pasó por el aire de Radio del Centro para reflexionar sobre el choque cultural, la calidez local, su nueva adicción al mate amargo y cómo esta vivencia redefinió sus planes de cara al futuro.

Meline, ya van nueve meses viviendo en Chivilcoy. Al principio el idioma suele ser la principal barrera, ¿cómo fue ese proceso de adaptación?

Meline: Al principio fue la primera gran dificultad. No saber decir nada en español te frena un poco para relacionarte. Pero semana a semana fui escuchando mucho, incorporando palabras y animándome a armar frases que, seguro, al principio no tenían mucho sentido (risas). Hoy ya me resulta raro pensar que cuando llegué no hablaba nada de castellano.

Vos ya terminaste el secundario en Bélgica en junio del año pasado. Sin embargo, acá decidiste ir al Colegio Normal diariamente. ¿Por qué tomaste esa decisión y qué diferencias encontraste con la escuela de tu país?

Meline: Sí, el intercambio con Rotary es principalmente cultural, pero ir a la escuela acá fue el medio perfecto para aprender el idioma, conocer chicos de mi edad y vivir una vida normal como cualquier argentina. En cuanto a las diferencias, el ritmo es muy distinto. En Bélgica entramos a las 8:00 y salimos a las 16:00, comemos allá y las clases son más de corrido. Acá, ir de 7:00 a 12:40 sin almorzar en el colegio fue un cambio, pero me gustaron mucho los recreos entre cada hora. También noté diferencias en las materias; en Bélgica yo estaba en la orientación de Ciencias y el nivel de matemática del último año era muy fuerte, casi como lo que acá se ve en el primer año de la universidad.

P: Jorge Moriggia, tu papá en esta última etapa en la ciudad, nos contaba fuera de aire que te volviste una fanática del mate... ¿Cómo fue ese encuentro con una costumbre tan nuestra?

Meline: (Risas) ¡Sí! Empecé a tomar mucho más en mi segunda familia anfitriona. Con mi mamá del corazón tomábamos mate todas las tardes y también a la mañana al despertarme. Desde ese momento se volvió una costumbre de todos los días y me gusta el mate amargo. Ya estoy pensando en cómo hacer espacio en la valija para llevarme varios paquetes de yerba a Bélgica, el problema va a ser conseguirla allá cuando se me termine.

Además de las costumbres diarias, pudiste recorrer muchísimo el país gracias a los viajes que organiza el distrito de Rotary. ¿Qué fue lo que más te impactó de la geografía argentina?

Meline: Hice los dos viajes grandes: el del Sur en diciembre (Puerto Madryn, Calafate, Bariloche, Esquel) y el del Norte en marzo (Iguazú, Salta, Jujuy, Catamarca, La Rioja, Córdoba). Lugares como las Cataratas o Talampaya son hermosos. Lo que más me sorprendió, viniendo de un país tan chico como Bélgica, fueron las horas que pasamos arriba del colectivo. Al principio fue un shock, pero viajar con chicos de intercambio de todo el mundo (Francia, Italia, Estados Unidos) hizo que esas horas fueran momentos hermosos para charlar, compartir mates y conocer otras culturas.

También te metiste de lleno en otra pasión muy argentina: el fútbol. Fuiste a la cancha a ver a River y a San Lorenzo. ¿Cómo viviste esa experiencia?

Meline: A mí ya me gustaba el fútbol en Europa, pero lo que se vive acá es algo hermoso y totalmente distinto. La energía de la hinchada, la pasión y cómo se siente en la tribuna es impresionante. Fui a la cancha de San Lorenzo y me encantó. Por suerte me voy a llegar a quedar para vivir el inicio del Mundial acá en Argentina antes de volver a Bélgica, sé que se vive con mucha intensidad.

Nos dijeron que ya aparecieron algunas lágrimas porque se acerca el final del viaje. ¿Qué balance hacés de esta experiencia y qué se viene ahora en tu vida?

Meline: Sí, irme triste es una buena señal, significa que la pasé muy bien y que voy a extrañar mucho Chivilcoy. Las familias me recibieron como a una hija más; si había que lavar los platos, yo los lavaba, fui una más de la casa. Esta experiencia nunca me la voy a olvidar, te abre las puertas del mundo. Ahora, al regresar a Bélgica, me voy a mudar a la capital para ir a la universidad. Este viaje me abrió mucho la cabeza y decidí que quiero estudiar Derecho. Todavía no sé si me inclinaré por el derecho penal o el internacional, porque gracias al intercambio me empezó a interesar mucho todo lo relacionado con las ciencias políticas y las relaciones internacionales. Si alguien tiene la oportunidad de hacer un intercambio con Rotary, no duden en decir que sí. Es la mejor experiencia de mi vida.

-¿En cuanto a las relaciones humanas, un trato distinto y similar al de tu país?

-Meline: destaco varios puntos muy positivos sobre la calidez humana en Argentina aunque encontré una similitud entre los argentinos y la gente de Bélgica en el sentido de que son personas muy amables y que te reciben muy bien. La gente en Argentina es muy amable, muy cariñosa.

Las expresiones afectuosas me resultaron distintas aunque fui incorporando la forma de hablar de los argentinos es que usan palabras muy cariñosas al dirigirse a los demás cotidianamente, como decir "mi amor" o "mi reina".

 
 
 
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