Cómo elegir entre modelos de inteligencia artificial locales y la nube para tu negocio

Elegir dónde ejecutar un modelo de lenguaje de inteligencia artificial requiere balancear la privacidad de los datos, los costos de infraestructura y la capacidad de cómputo necesaria para cada tarea comercial o de gestión diaria. Mientras que las APIs en la nube trasladan el mantenimiento a un proveedor externo, alojar un modelo de código abierto en servidores propios otorga control directo sobre la información procesada dentro de la red local.
Para poner en marcha un sistema propio, el primer paso consiste en definir las funciones requeridas y probar alternativas de código abierto mediante plataformas intermedias. Conviene iniciar con la opción más compacta que resuelva la tarea de forma confiable, ya que los modelos más chicos demandan menor capacidad de cómputo y responden con mayor velocidad antes de escalar hacia arquitecturas más pesadas.
El rendimiento y la viabilidad técnica dependen directamente de la memoria gráfica o VRAM disponible en el hardware. Entre las alternativas con parámetros específicos figuran opciones como Phi-4-mini de 3.8B con un requerimiento aproximado de 8 GB de VRAM, y Qwen3 8B con 8B de parámetros y 8 GB de VRAM en configuración de 8 bits. También se destacan Gemma 3 12B de 12B con 12 a 16 GB de VRAM cuantizada, y DeepSeek R1-Distill-Qwen-14B de 14B con 12 a 16 GB de VRAM cuantizada para tareas de razonamiento.
Para demandas operativas superiores aparecen Mistral Small 3.1 de 24B, que exige de 12 a 16 GB de VRAM con cuantización de 4 bits o entre 44 y 55 GB sin cuantizar. En el segmento más avanzado para implementaciones privadas de gran escala se ubica Llama 4 Scout 109B total, 17B active, un desarrollo que demanda entre 55 y 80 GB de VRAM para análisis documentales extensos y flujos multimodales complejos.
La arquitectura estándar para el funcionamiento local se compone de cinco capas interconectadas: el hardware con la tarjeta gráfica, el modelo seleccionado, el software de inferencia como Ollama o vLLM, una capa de recuperación de datos externos o RAG, y finalmente la interfaz o aplicación que procesa las consultas de los usuarios. La técnica de cuantización permite reducir la memoria necesaria para cargar los pesos del modelo, facilitando su uso en equipos estándar a costa de una compresión que debe ajustarse con cuidado.
Por último, la decisión entre esquema local o en la nube también contempla normativas de privacidad y el volumen de transacciones operativas. Las APIs comerciales cobran por uso y convienen para volúmenes bajos o variables, mientras que la infraestructura propia resulta rentable cuando el procesamiento de consultas es masivo y constante, justificando la inversión inicial en equipamiento y soporte técnico.