Nicolle Pisani Claro analizó la renta agrícola y la presión tributaria sobre el campo

Nicolle Pisani Claro analizó la renta agrícola y la presión tributaria sobre el campo
En el marco del programa “La Mañana del Centro”, la economista jefe de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA), Nicolle Pisani Claro, analizó la situación económica del sector agropecuario, la presión tributaria que soportan los productores y las perspectivas productivas.
La entrevista se dio a partir de las repercusiones de los discursos inaugurales en la Asociación Rural de Chivilcoy, donde se tomaron como referencia los informes de FADA respecto a la distribución de la renta agrícola y los tributos que percibe el Estado.
Durante la conversación, Pisani Claro explicó el funcionamiento del índice que elabora trimestralmente la entidad, cuyo último reporte publicado correspondió a junio. En dicha medición, el indicador arrojó que el 61,9% de la renta agrícola queda absorbido por impuestos nacionales, provinciales y municipales. La economista recordó que este concepto mide el valor final de la producción descontando los costos necesarios para producir, por lo que casi 62 de cada 100 pesos generados se destinan a gravámenes, mientras que el remanente se reparte entre la rentabilidad del productor y el costo o alquiler de la tierra.
Al proyectar la medición de septiembre, que se encuentra en etapa de elaboración, la especialista anticipó que el número podría reflejar un leve alivio en comparación con junio. En aquel momento pesaban las tensiones internacionales por la guerra entre Rusia y Ucrania, con incrementos en fletes, labores y fertilizantes. Si bien las dificultades geopolíticas continúan, en los últimos meses se observó una mejora en los precios de granos como soja, maíz, trigo y girasol, a la vez que el precio de la urea tendió a estabilizarse y comenzaron a computarse las bajas en derechos de exportación.
Respecto a la composición de la carga impositiva, Pisani Claro detalló que los tributos nacionales concentran la mayor parte de lo abonado por el productor. Los impuestos nacionales no coparticipables, integrados principalmente por las retenciones, absorben cerca del 58% de la carga total, mientras que, los nacionales coparticipables, como Ganancias y saldos de IVA, representan alrededor del 33%. El esquema se completa con los impuestos provinciales, que explican un 9% con gravámenes como Ingresos Brutos, y las tasas municipales, que significan el 1% restante. Asimismo, señaló que la baja gradual de retenciones comenzó a otorgar mayor peso relativo a los impuestos coparticipables y provinciales.
En cuanto a las tasas municipales, la economista analizó el motivo del malestar en los distritos del interior. Si bien cuantitativamente representan entre el 0,8% y el 1% de los tributos que paga un productor, remarcó que el conflicto radica en la ausencia de contraprestación. Específicamente, mencionó que muchas de estas tasas se recaudan con la finalidad de mantener y mejorar los caminos rurales, algo que con frecuencia no se traduce en obras concretas sobre los trazados productivos.
Al contrastar el escenario local con otros países, Pisani Claro señaló que, más allá de la dificultad metodológica para comparar márgenes agropecuarios internacionales, la economía argentina presenta una de las mayores presiones impositivas de la región, ubicándose detrás de Brasil. Sin embargo, enfatizó que los derechos de exportación constituyen una particularidad local que no existe en las naciones competidoras, donde los productores no tributan retenciones para comercializar su producción en el exterior.
En relación con la importancia del sector en el funcionamiento económico del país, la economista de FADA recordó que las cadenas agroindustriales generan 6 de cada 10 dólares que ingresan a través de exportaciones y sostienen cerca del 22% del empleo privado. En ese sentido, puntualizó que mientras los derechos de exportación se cobran con independencia del balance económico del productor, fenómenos adversos como las sequías reducen notablemente la producción, resintiendo de forma directa el ingreso de divisas y las fuentes laborales.
Sobre el balance comercial externo, detalló que en el primer semestre del año las cadenas agroindustriales generaron 28.000 millones de dólares, lo que representó el 57% de las exportaciones argentinas, mostrando una mejora frente al mismo lapso del período anterior. Para el acumulado anual, se proyecta un cierre en torno a los 50.000 o 55.000 millones de dólares. Dentro de este desempeño, resaltó al complejo girasolero, ubicado como quinto exportador de las cadenas agroindustriales al concentrar el 7% de las divisas del semestre, con un salto de entre el 129% y el 130% interanual en dólares y toneladas. A su vez, valoró la firmeza de precios en carne vacuna y el aporte del rubro de combustibles y energía, que suma divisas complementarias a las del agro.
Por último, se refirió al atraso del tipo de cambio real multilateral, que se ubica por debajo del promedio histórico y muestra una merma cercana al 20% respecto a septiembre del año previo ajustado por inflación. En materia de cultivos de invierno, señaló que la intención de siembra de trigo proyecta una reducción aproximada de 500.000 hectáreas, aunque ponderó la mejora en la relación insumo-producto: actualmente se precisan unas 2,4 toneladas de trigo por cada tonelada de urea, un valor similar al del año pasado y sensiblemente inferior a las casi 4 toneladas requeridas en junio.
De cara a las próximas semanas, Pisani Claro adelantó que FADA dará a conocer la nueva actualización trimestral del índice de renta agrícola y un estudio específico sobre el empleo generado por las cadenas agroindustriales.
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