Insumos biológicos en el agro: historia, evolución y el desarrollo desde Tucumán

Los productos biológicos para la agricultura actual parecen una novedad absoluta impulsada por grandes multinacionales y congresos del sector, pero su recorrido histórico es mucho más extenso. Según explicó el ingeniero agrónomo Nicolás Gruz, vinculado a Laboratorio San Pablo, las prácticas asociadas a la microbiología agrícola tienen antecedentes que se remontan a la época de los romanos, cuando se trasladaba tierra entre lotes para lograr una inoculación rudimentaria de leguminosas.
Detrás del actual protagonismo comercial existe un trabajo científico de larga data. Gruz recordó que las investigaciones sobre bacterias fijadoras de nitrógeno comenzaron hace al menos 120 años, con aislamientos tempranos cuyas aplicaciones completas se comprendieron décadas más tarde. En Argentina, firmas pioneras transitaron décadas de desarrollo cuando estos insumos todavía se miraban con desconfianza o se asociaban exclusivamente con prácticas de huerta.
La trayectoria de Laboratorio San Pablo refleja esa evolución, habiendo iniciado su recorrido comercial con la inoculación de soja, una práctica que luego se masificó en el paquete tecnológico del cultivo. Aquellos años permitieron a un grupo reducido de especialistas ajustar dosis, momentos de aplicación y dinámicas a campo, trasladando el conocimiento desde los laboratorios hacia la producción real.
En la actualidad, el escenario cambió radicalmente y la empresa tucumana cuenta con un portfolio que supera los 70 productos. Las demandas de los productores impulsan nuevas líneas de investigación, como bacterias fijadoras de nitrógeno de aplicación foliar que permiten nutrir el cultivo de manera más eficiente y a costos razonables cuando la planta ya se encuentra implantada.