PRESENTACIÓN DE "ARGENTINA, REPÚBLICA DE PAPEL"

Daniel Dicásolo: "Nos burlamos de la ley y despues queremos tener razon"
El abogado chivilcoyano, con 57 años de trayectoria profesional, presentó su nuevo libro y propuso una lectura severa sobre la decadencia argentina: la anomia, la corrupción cotidiana, el deterioro educativo y la necesidad de recuperar el respeto por las normas.
Daniel Dicasolo llegó a los estudios de Radio del Centro con un libro bajo el brazo y una idea central para poner en debate: la Argentina no está condenada por su cultura, sino atrapada en una práctica persistente de incumplimiento de las normas. En una charla extensa, el abogado chivilcoyano presentó Argentina, República de Papel. Anomia, Subdesarrollo, Pobreza, una obra de 350 páginas que le demandó más de dos años de trabajo y que busca rastrear, desde la historia, los orígenes de los problemas actuales del país.
Recibido en 1968, Dicásolo acumula 57 años de ejercicio profesional. Aunque trabajó también en Buenos Aires y en otras ciudades, remarcó que su centro siempre fue Chivilcoy. Desde ese recorrido, sostuvo que el libro intenta describir "cómo somos los argentinos" y explicar por qué la transgresión de las reglas morales y jurídicas se volvió una marca repetida de la vida pública y privada.
"Todos somos vivos", planteó durante la entrevista, al cuestionar una forma de conducta social que, según dijo, termina por convertir a los ciudadanos en víctimas y victimarios al mismo tiempo. Para Dicásolo, el problema no debe explicarse como una fatalidad cultural, porque eso llevaría a la resignación. Su tesis es más precisa: se trata de anomia, es decir, de la violación sistemática de normas que deberían ordenar la convivencia.
El abogado llevó esa idea al terreno político. Señaló que la corrupción atraviesa la historia argentina desde la etapa colonial hasta el presente y afirmó que el poder político reproduce, en gran escala, prácticas que también aparecen en la vida diaria. Como ejemplos cercanos, mencionó el tránsito, la circulación de motos, la basura arrojada en la vía pública y la naturalización social de la viveza como si fuera un mérito.
En su análisis, Dicásolo recuperó referencias históricas y filosóficas. Citó a Aristóteles para remarcar que no puede haber república sin ley y a Juan Bautista Alberdi para recordar que el hombre libre debe someterse a la ley. A partir de esa mirada, comparó la experiencia argentina con la de países como Japón, Corea del Sur y China, que, pese a haber atravesado crisis profundas, lograron construir desarrollo a partir de una disciplina social más fuerte.
Uno de los pasajes más personales de la entrevista apareció cuando habló de la educación pública. Recordó sus años universitarios durante el gobierno de Arturo Illia y definió aquella etapa como un momento de esplendor educativo. Evocó profesores de alto nivel, universidades abiertas a estudiantes de toda América Latina y una idea que, dijo, marcaba a los futuros profesionales: el Estado hacía un esfuerzo para formarlos y ellos debían devolver ese compromiso a la sociedad.
La decadencia, según su mirada, fue progresiva. Ubicó un quiebre fuerte en el golpe militar de 1976, aunque también mencionó tensiones anteriores desde mediados del siglo XX. En ese recorrido, cuestionó interpretaciones simplistas del liberalismo y volvió sobre figuras históricas como Alberdi, Sarmiento y Roca, a quienes analiza en su libro para discutir los dilemas de la organización nacional, la distribución de tierras, la colonización y la corrupción.
Dicásolo también se detuvo en Sarmiento, a quien describió como un visionario con una mirada de desarrollo integral del país. Recordó el programa vinculado a Chivilcoy, la importancia de la colonización y la posibilidad histórica de construir un país con mayor inclusión productiva. En contraste, cuestionó que grandes oportunidades hayan terminado capturadas por élites y negocios privados.
El libro, explicó, no persigue un fin lucrativo. Aunque la editorial fijó un precio de venta superior, aseguró que en Chivilcoy buscará ofrecerlo a un valor más accesible para que pueda circular. Su objetivo, insistió, es abrir una reflexión: que la sociedad deje de atribuir todos sus males a causas externas o inevitables y empiece a revisar sus propias prácticas.
La conversación derivó también hacia el consumo, la pérdida de referencias culturales y la necesidad de volver a leer. Dicásolo contó una anécdota de los años 70 en Estados Unidos, cuando le sorprendió ver corbatas con marcas visibles en el frente. Para él, ese cambio anticipaba una sociedad en la que el valor de las personas parecía medirse cada vez más por lo que muestran y no por lo que son o hacen.
En ese punto, reivindicó la cultura del trabajo y del estudio que, según dijo, trajeron muchos inmigrantes y recibió de sus propios padres. "La mejor herencia que te podemos dejar es un estudio", recordó. Desde esa frase, cuestionó la liviandad con que hoy se educa a muchos jóvenes en una sociedad atravesada por el consumo, la apariencia y la urgencia.
Hacia el cierre, el entrevistado remarcó que cumplir las reglas no debería verse como una carga, sino como una condición para vivir mejor. "Cumplir las reglas es felicidad", sintetizó. Para Dicásolo, el respeto por la ley, la educación y la responsabilidad individual son pilares indispensables para recuperar una convivencia menos dañada por la corrupción cotidiana.
Argentina, República de Papel será presentado el viernes 19 de junio a las 19 en la Biblioteca Popular Dr. Antonio Novaro, en el salón del primer piso. Allí, Dicásolo compartirá los ejes de una obra que combina historia, derecho, sociología y experiencia personal para plantear una pregunta incómoda: cuánto de la crisis argentina empieza en las pequeñas normas que la sociedad acepta romper todos los días.