Itatí Pérez Cosimano destacó el valor de los cuidados paliativos en Chivilcoy

Itatí Pérez Cosimano destacó el valor de los cuidados paliativos en Chivilcoy
La médica Itatí Pérez Cosimano, especialista en clínica médica y medicina interna con formación de posgrado en dolor crónico y cuidados paliativos, visitó los estudios de Radio del Centro para detallar la labor asistencial que viene desarrollando y reflexionar sobre la importancia de consolidar estos abordajes interdisciplinarios. La profesional explicó que la especialidad no apunta exclusivamente a los instantes finales de la existencia, sino al acompañamiento integral de pacientes y familias que atraviesan enfermedades crónicas y complejas que amenazan la vida, priorizando en todo momento la dignidad, el alivio del sufrimiento y una calidad cotidiana óptima.
NUEVOS PARADIGMAS: INTERVENIR DESDE EL DIAGNÓSTICO TEMPRANO
“Los cuidados paliativos son una atención médica especializada en la que se garantiza atender a todos los pacientes y sus familias con enfermedades crónicas amenazantes para la vida. No solamente cuando el paciente tiene una enfermedad terminal y muchos te dicen que no hay nada más por hacer”.
Al definir el encuadre de su labor, Pérez Cosimano remarcó que los cuidados paliativos deben intervenir desde las etapas tempranas de un diagnóstico, aún cuando se lleven adelante terapias orientadas a la curación. En esa línea, resumió la esencia de la disciplina con una premisa clara: “No pretendemos traer más días a la vida, sino dar más vida cada día”.
Asimismo, postuló la necesidad de recuperar una dimensión más humana dentro de la práctica médica habitual: “Los médicos nos formamos en una carrera donde nuestro objetivo siempre es curar, curar y curar a pesar de todo; a veces hay que frenar, mirarnos frente al paciente y entender que cuando no se puede curar, hay que empezar a cuidar y acompañar”.
EL ‘DOLOR TOTAL’ Y LA FAMILIA COMO UNIDAD DE TRATAMIENTO
La médica ahondó en la concepción del dolor, señalando que va mucho más allá de una dolencia orgánica y responde a la categoría de ‘dolor total’, un fenómeno multidimensional que abarca esferas emocionales, sociales, económicas y espirituales. Para graficarlo, ejemplificó con el caso hipotético de una persona activa de 50 años a quien de imprevisto le diagnostican una patología oncológica con metástasis: en ese trance, mientras se evalúan cirugías o quimioterapias, se alteran los ingresos laborales del hogar y se resiente el bienestar de los hijos que proyectan estudiar, desencadenando una crisis familiar profunda. Por ello, ratificó que “la unidad de tratamiento no es solamente el paciente, sino el paciente y su familia, entendiendo por familia a quien la persona considere como tal, incluyendo amistades e incluso las mascotas, que son fundamentales para transitar el proceso en su propia casa”.
ABORDAJE INTERDISCIPLINARIO Y DISPOSITIVOS LOCALES EN CHIVILCOY
Bajo ese prisma, destacó que los cuidados paliativos requieren un abordaje interdisciplinario permanente donde convergen médicos, enfermeros, psicólogos, kinesiólogos, terapistas ocupacionales y nutricionistas. Al respecto, evocó experiencias compartidas en el Congreso Argentino de Cuidados Paliativos realizado en Mar del Plata a comienzos de octubre, donde se abordó el valor de la rehabilitación kinésica para procesar y elaborar los duelos funcionales de personas que pierden movilidad, así como la intervención de la terapia ocupacional.
En lo relativo a la actividad concreta en Chivilcoy, Pérez Cosimano repasó la estructuración de los dispositivos locales que se consolidaron a partir de junio de este año:
Equipo domiciliario: Mediante un convenio a través de una empresa prestadora de PAMI, conformó un equipo junto a las enfermeras licenciadas Sonia Pachiana y Rocío Otero, además de kinesióloga y psicóloga. La médica ensalzó la labor de enfermería como una pieza basal y cotidiana: “Son mis ojos. En cuidados paliativos no hacen solo un control de signos vitales; van a la casa, se quedan una hora y media charlando, evalúan cómo está el paciente y construyen un vínculo humano invalorable”.
Consultorio hospitalario público: Atenta a las demandas desatendidas en la comunidad, impulsó su apertura junto a la psicóloga Soledad Ríos, las enfermeras Pachiana y Otero, y Nancy en secretaría. Funciona dos sábados al mes y se sostiene de forma meramente ad honorem por decisión y vocación del propio equipo para brindar un espacio formal a pacientes que transitan enfermedades complejas, en su mayoría oncológicas.
IMPACTO SANITARIO Y EL DESAFÍO FRENTE A LAS ESTADÍSTICAS
La facultativa subrayó el impacto sanitario de contar con estos equipos de contención temprana. Detalló que el seguimiento continuado y el establecimiento de vías directas de comunicación con los allegados —a través de líneas telefónicas o correo electrónico— disminuye drásticamente las consultas innecesarias en guardias y evita internaciones evitables, lo que a su vez descomprime el sistema y reduce gastos económicos superfluos.
Pérez Cosimano, quien también desempeña labores en el Hospital de Clínicas de la Ciudad de Buenos Aires, alertó que las patologías amenazantes no son exclusivas de la tercera edad: relató el acompañamiento brindado a pacientes jóvenes y adolescentes de 17, 19 y 30 años, donde el cuidado pasa tanto por ajustar la medicación analgésica para que puedan disfrutar de un partido o compartir una comida, como por sostener el duelo de parejas y progenitores.
BRECHA LEGAL, HISTORIA Y UN LLAMADO A NO NATURALIZAR EL SUFRIMIENTO
Por otra parte, la especialista manifestó su preocupación por la brecha existente en materia de salud pública respecto a la legislación vigente. Advirtió que, si bien rige una Ley Nacional de Cuidados Paliativos, las estadísticas marcan que apenas un 14 por ciento de la población accede efectivamente a estas prestaciones esenciales, déficit que atribuyó principalmente a la desinformación y a la escasez de formación profesional específica.
Como cierre, Pérez Cosimano hizo un vehemente llamado a la comunidad médica y a los pacientes a no naturalizar ni tolerar el padecimiento:
“Que los profesionales no hagamos oídos sordos y que los pacientes hablen si sienten dolor; hoy existen muchísimas herramientas farmacológicas para aliviarlo”.
Al respecto, instó a derribar mitos y prejuicios infundados en torno a la administración de morfina y analgésicos, concluyendo que muchas veces el alivio del sufrimiento también se alcanza “al tender una mano, sentarse a charlar o simplemente saber acompañar en silencio”.
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