Joaquín Moja explicó las serias dificultades que impone el fenómeno de El Niño, alterando de manera directa el ciclo de las floraciones y la subsistencia de las colmenas

Joaquín Moja explicó las serias dificultades que impone el fenómeno de El Niño, alterando de manera directa el ciclo de las floraciones y la subsistencia de las colmenas
El médico veterinario y especialista en apicultura Joaquín Moja, integrante del INTA en la Cuenca del Salado y referente vinculado a las temáticas del sector, brindó un panorama detallado sobre la compleja situación que atraviesa la actividad productiva en la provincia de Buenos Aires. Durante una entrevista en el programa “INTA en la Radio”, emitido por Radio del Centro, Moja explicó las serias dificultades que impone el fenómeno de El Niño, caracterizado por la escasez de radiación solar, las bajas temperaturas y la elevada humedad ambiental, factores que alteran de manera directa el ciclo de las floraciones y la subsistencia de las colmenas.
Al respecto, el especialista señaló que las condiciones climáticas actuales generaron un escenario sumamente adverso para las abejas. Cultivos invernales habituales como la colza, la carinata y la camelina no alcanzaron niveles óptimos para los polinizadores, debido a que la reducida radiación solar impidió que las flores liberen el néctar y el polen necesarios para que las abejas puedan aprovecharlos. A su vez, especies silvestres de la época, como los tréboles, los nabos o las floraciones de aromos, registraron un aporte prácticamente nulo. Esta marcada carencia obliga a las abejas a consumir sus propias reservas al regresar a los apiarios sin haber recolectado alimento en el campo, dejando a las colonias en un marcado desbalance nutricional.
Frente a este cuadro de situación, los productores deben intervenir de forma intensiva mediante tareas de alimentación artificial de sostén, a base de jarabes y suplementos proteicos y energéticos. Moja remarcó con énfasis la diferencia técnica entre incentivar y alimentar: mientras que la incentivación habitual de primavera busca simular ingresos de néctar para inducir la postura de la reina en vistas al crecimiento poblacional, hoy se suministran jarabes sumamente concentrados para sostener el estatus nutricional y evitar la muerte de los enjambres. Moja explicó que al recorrer apiarios cada siete o diez días se constata que las colmenas consumen todo lo suministrado y no logran generar reservas. Esta práctica implica una exigencia logística y económica muy pesada, dado que una bolsa de azúcar ronda casi los 50 mil pesos y apenas alcanza para asistir a unas 20 colmenas, a lo que se suman los crecientes gastos de combustible y mano de obra en un contexto donde muchos productores ya vendieron la cosecha anterior.
En cuanto a la sanidad, el especialista advirtió que la vulnerabilidad nutricional sumada a los días húmedos en montes y suelos favorece la aparición de patologías como la nosemosis, la cría yesificada o la loque europea. En paralelo, el parásito varroa continúa siendo una amenaza latente. Si bien en algunas colmenas de la Cuenca del Salado la postura de la reina se frenó por la falta de recursos naturales —lo que interrumpió de manera temporal el ciclo reproductivo del ácaro—, en apiarios con cargas previas el parásito puede multiplicarse y causar estragos. Frente a la notable variabilidad ambiental observada a pocos kilómetros de distancia, Moja insistió en la necesidad imperiosa de realizar monitoreos constantes.
Para ello, detalló el procedimiento de la denominada ‘prueba del frasco’, un método accesible y gratuito para evaluar las colmenas. Explicó que se debe tomar una muestra al azar de al menos seis colmenas por apiario, o el 10% si el colmenar supera las 60 unidades. De la cámara de cría se extraen unas 300 abejas que se colocan en un frasco con agua y detergente o alcohol, se agita la preparación y luego se filtra en un doble tamiz para separar los insectos de los ácaros. Con una cuenta sencilla —dividir la cantidad de varroas por el número de abejas y multiplicar por 100— se obtiene la tasa de infestación. Moja remarcó que ese índice no debería superar el 1% en esta etapa de la primavera, ya que un valor más alto derivaría en niveles cercanos al 5% hacia la cosecha de diciembre y generaría graves pérdidas productivas.
Asimismo, Moja alertó sobre la problemática del empleo de productos no aprobados y prácticas caseras para combatir la varroa. En Argentina solo existen dos moléculas sintéticas con buena eficacia por encima del 90%: el amitraz y la flumetrina, además de diversas formulaciones orgánicas desarrolladas por laboratorios específicos. Sin embargo, advirtió que muchos apicultores, con la intención de abaratar costos o por falta de insumos locales, recurren a drogas destinadas a la sarna bovina o la mosca, improvisando tiras de cartón embebidas en baldes con vaselina sin dosificación precisa. Esta conducta acelera la resistencia de los ácaros y acarrea riesgos farmacológicos y de residuos en la miel. El especialista comparó el riesgo local con lo acontecido en Estados Unidos, donde la resistencia al amitraz provocó la pérdida del 59% de las colmenas en una campaña y de alrededor del 45% en la siguiente.
Respecto del manejo territorial y la ubicación de los apiarios, Moja recomendó extremar precauciones ante la posibilidad de anegamientos y caminos intransitables por lluvias futuras. Aconsejó mantener siempre las colmenas elevadas del suelo sobre caballetes, situarlas en sectores altos o lomas con la debida autorización de los propietarios de los campos y verificar que no interfieran con la hacienda ni queden expuestas a aplicaciones agrícolas directas. Del mismo modo, destacó la importancia de permitir la entrada de sol a las piqueras y garantizar una ventilación adecuada en zonas de monte para evitar la acumulación de humedad interna que propicie el desarrollo de hongos.
Finalmente, Moja expresó su expectativa de que las semanas venideras aporten mayor cantidad de días soleados y registros térmicos adecuados antes del pico de floración esperado hacia fines de diciembre en la provincia. A pesar del escenario complejo y de la etapa de transición institucional que atraviesan los programas técnicos vinculados a la actividad apícola, Moja valoró el estrecho vínculo que mantiene con los productores de Chivilcoy a través de grupos de trabajo, capacitaciones y las tradicionales exposiciones del sector.
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