Soja global: China concentra el 60 por ciento de las importaciones mundiales

Durante los últimos treinta años, el mercado global de esta oleaginosa sufrió un giro drástico. Hacia el cierre de los ochenta, el gigante asiático colocaba en el exterior más de un millón de toneladas de soja anualmente, ubicándose como el cuarto oferente del planeta. Muy lejos de esa postal, la nación oriental pasó a ser el epicentro absoluto de las compras internacionales de la oleaginosa.
El contraste con el cambio de siglo resulta evidente al analizar la evolución de los mercados. A fines de los noventa, Estados Unidos dominaba la oferta abasteciendo a Europa, Japón, Taiwán, Corea del Sur y México, mientras que Europa concentraba cerca del 40 por ciento de las importaciones mundiales. Veinticinco años después, el promedio del período 2023-2025 muestra que China absorbe aproximadamente el 60 por ciento de las exportaciones del poroto, seguida por Europa con poco más del 8 por ciento.
En cuanto a la oferta del exterior, el panorama de concentración es contundente. Brasil encabeza los despachos concentrando el 58 por ciento, al tiempo que Estados Unidos aporta el 27 por ciento. Sumados, ambos gigantes acaparan más del 80 por ciento del volumen global comercializado, relegando a competidores secundarios tales como Paraguay, Argentina y Canadá.
Esta colosal demanda impulsó la expansión del área agrícola en Sudamérica y reconfiguró las negociaciones comerciales a escala planetaria. Para la campaña 2026/27, el USDA proyecta que las importaciones chinas treparán hasta los 115 millones de toneladas, marcando el ritmo de la economía agrícola internacional.
Los orígenes de la oleaginosa se remontan a entre 6.000 y 9.000 años atrás en el propio territorio chino, a partir de su pariente silvestre Glycine soja. Si bien en la antigüedad funcionaba como un cultivo secundario destinado fundamentalmente al consumo humano y al aprovechamiento de sus propiedades para fijar nitrógeno, la planificación económica del siglo XX postergó a las oleaginosas frente a los cereales.
El punto de inflexión llegó con las reformas económicas y la apertura comercial implementadas desde los años noventa. Desde entonces, la mejora en los precios internos y la habilitación de compras externas rediseñaron el abastecimiento alimentario de una nación que hoy marca el pulso de la agricultura sudamericana.