“POR LA PUERTA GRANDE”

El reloj marcaba las 9,30 horas del 2 de Enero de 1985. Era mi primer día de trabajo en el Ex- Banco Francés de Chivilcoy.

Toqué el timbre de la puerta de servicio ubicada sobre la calle Pellegrini. El ordenanza me hizo pasar a la precámara, espacio donde había una enorme puerta blindada por la que, diariamente, ingresaba y egresaba el personal de la sucursal.

Yo tenía 23 años. Estaba muy nervioso y el entorno me asustaba. En ese preciso instante, el mismo ordenanza abre la robusta construcción de hierro. Parado frente a ella, un señor elegante, con traje oscuro, me dice: “Buen día. Soy Hugo Tribuzzio. Bienvenido al Banco Francés”.

Acto seguido, pregunta mi nombre y me acompaña al salón donde llama a sus compañeros para presentarme. Como “para romper el hielo”, delante de todos, hizo un comentario/broma sobre mi persona imposible de reproducir – y que solo los presentes, él y yo sabemos- explotando en una carcajada generalizada que pintó mi cara de un inolvidable color rojizo.

Y entonces, Hugo, a partir de ahí, fui conociéndote. Con el correr de las semanas, por comentarios del personal y por “motu proprio” descubrí tus dotes de actor. Confieso que al principio me costaba diferenciar cuándo hablabas vos, y cuándo lo hacía “el personaje”.

Me encantaba ver y escuchar cuando - con la impronta que te caracterizaba- hacías chistes a los clientes, divirtiéndote y haciéndonos reír mientras trabajábamos. Evoco aquellas tardes, después del horario de cierre, cuando intentábamos hacer un dúo interpretando alguna canción de Dyango. ¡Cuántas historias y cargadas compartidas entre todos!

Con el paso del tiempo, vos, al igual que otros compañeros, me fueron nutriendo de valores morales y éticos aplicables en el trabajo, pero también para la vida misma.

Después de largos años como funcionario de la institución, a fines de la década del 90, llegó tu última jornada de labor para adherirte a la prejubilación. Trabajaste como cualquier otro día. A las 17,15 horas saludaste e hiciste un pedido único y excepcional: “QUIERO RETIRARME POR LA PUERTA GRANDE”. Acorde a tu impecable y honrosa trayectoria, el gerente concedió tu pedido: la enorme e histórica puerta principal de la esquina de Pellegrini y Bolívar se abrió de par en par, encendiste un cigarrillo y te fuiste ante el aplauso, la ovación y la emoción de todos.

Hace unos días nos abandonaste físicamente. Esta maldita pandemia nos impidió a muchos despedirte como lo merecías. Dios te ha llamado a su Reino y no tengo dudas que al verte dirá: “Ingrese por acá Hugo, por acá, por donde solo entran las buenas personas, POR LA PUERTA GRANDE...”.- Mis condolencias a su esposa e hijos.

Omar Daniel Vero

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