Daniel Barrales “Nunca pude jugar en mi ciudad en un equipo de Liga. Por eso, veo jugando a mi hijo

En la segunda parte de la entrevista con Daniel Barrales, el ex jugador y actual entrenador recuerda sus pasos como basquetbolistas por Firmat (Santa Fe) e Independiente (Neuquén).

Firmat, Santa Fe

“En 1984 se jugó una Liga de transición, la Liga Nacional de transición. Era para clasificar a la Liga Nacional.

Independiente había cambiado de Presidente, cuando estuve habían sido presidentes Julio Grondona y Pedro Iso; eran fanáticos, sobre todo las esposas, del básquet. Siempre apostaban al básquet, era el segundo deporte del club. Cuando se van, llega un Presidente que era futbolero. El básquet iba a ser prácticamente amateur y la Liga Nacional no le interesaba. Por ejemplo, Obras Sanitarias, Gimnasia y Esgrima La Plata, que eran equipos muy fuertes en el torneo Metropolitano, su presupuesto era amortizado por las giras que hacíamos, íbamos a jugar por todo el país y teníamos un cachet elevado que cobraba el club. Hemos hecho giras desde Capital hasta Tierra del Fuego. Solventaban los gastos del básquet con las giras. Al hacerse la Liga Nacional, todos los que pagaban para que fueras a jugar ahora jugaban gratis. Entonces, hubo muchos clubes de Capital que no quisieron participar.

Jugamos Liga de transición en el 84 y en el verano de 1985, estaba en Chivilcoy y me llamaron diciendo que un club de Santa Fe me había ido a comprar. Los primeros días de febrero tuve que ir a Buenos Aires, yo no quería ir, no me quería ir del club. Cuando fui les di el pase con la condición de que cuando me quisiera ir me daban el pase. Al ir la gente de Santa Fe, le pidieron en ese momento una cifra que fue el pase más caro del año. Hubo un malestar en el medio, termine yendo a un club que no sabía ni dónde estaba, ni cómo era.

Jugué tres años en Firmat. El primer año que fui, en 1985 se formó la Asociación de Jugadores y lograron que los jugadores mandando una carta documento a la Confederación, amparándose en un artículo, a los dos años quedaba libre. Así que, hicieron el pase más caro y a los dos años la primera carta documento que llegó a la Confederación fue la mía. En ese momento, no teníamos representante. La explicación mía fue que estaba bien, no me quería ir del club, estaba muy contento con los dirigentes pero quién me aseguraba que dentro de los años vinieran otros dirigentes que quizás no me querían o no estaba bien, me tenía que quedar en un lugar que no era mi ciudad. Ahí, arreglé por dos años más”, rememoró Barrales.

“Cuando mando la carta documento a fin de año me quedaba un año más. El club quería que me quede dos años más además del año que me quedaba. Firmamos un nuevo contrato pero faltando un año para que finalice el club presenta quiebra, una malversación de fondos, cosas que pasan en este país, quedamos a la deriva y nos compra Independiente de Neuquén.

Un año fuimos a jugar con Firmat a General Roca, mirábamos el cartel en la ruta que decía Buenos Aires mil y pico de kilómetros y decíamos ‘sabes lo que es venir a jugar acá tan lejos’ y al otro año fuimos más lejos, nos fuimos a Neuquén.

Ha cambiado mucho, yo los escucho a los chicos ahora cómo se mueven, cómo hablan, en lo organizativo, en la protección que tienen hoy los jugadores, están lejos de lo que era para nosotros que agarramos la peor época. Recién comenzaba la Liga, no tenías protección, hemos estado seis meses sin cobrar, hemos pasado peripecias. Hoy también hay clubes que no pueden cumplir pero se manejan con los libre deuda y con todo eso el jugador está más protegido.

En Neuquén jugué dos años, al tercer hay un cambio de comisión y no me tienen en cuenta. Termine el año con un problema en una rodilla, que hasta el día de hoy no sé realmente qué era lo que tenía pero me impedía hacer un montón de cosas. Justo ahí fue cuando se juega la Liga corta, en el 90, que es cuando se cambia el calendario de juego, no es más de febrero a diciembre sino de septiembre a mayo. Fue una Liga corta de febrero a junio, me vine a Chivilcoy, tenía la posibilidad de ir a Ferro o a Quilmes de Mar del Plata, que el Huevo Sánchez siempre reniega que no quise ir a jugar con él. No fui porque realmente no podía jugar. Justo me sale la posibilidad de ir a jugar a San Luis, una zona donde no había jugado, un torneo corto así que, fui pero no la pase bien en todo sentido. No me hallé en el grupo, en el club, en la ciudad. Lo único bueno es que en ese lugar fue gestado Alejo.

A los cuatro meses quedamos eliminados, me volví, me hice una artroscopia, no encontraron cuál era el problema, seguía con dificultades, cerró el libro de pases de la A, de la B y me quedo en Chivilcoy. A último momento me hacen un lugar en Colón, ese mismo año entró San Lorenzo al regional y estuve a punto de ir porque en Colón ya tenían todas las fichas mayores completas. Marcelo Devida que junto a Gustavo Alonso organizaban el regional, dijo ‘yo no me cambio, cuando falte algún mayor me cambio’. Jugué ese año en Colón y con Fabián (Barrales) la primera vez que fuimos compañeros.

Llegamos al hexagonal final, tres equipos ascendían. Terminamos terceros igual que Gimnasia pero le habíamos ganado creo que por cinco puntos acá y ellos por seis allá. Colón fue invitado y al otro año jugó Lazard y se inauguró el estadio nuevo. Ese año, estuve en el proyecto pero no pudimos arreglar y me llaman nuevamente de Neuquén. Fue una sorpresa porque estaba casi retirado del básquet profesional por la rodilla aunque ya me había puesto bien. Me llamaron porque el entrenador iba a ser un muchacho que había sido compañero cuando jugamos el primer año. Contrataron en ese momento a un jugador franquicia, Facundo Sucatzky, que venía de jugar el mundial en Australia sub 21. Jugador estrella junto a los americanos. Independiente quería armar un equipo para salvar el descenso.

Me convencieron y me fui. Realmente me quería quedar en Chivilcoy, si hay algo, no sé si frustración o cómo llamarlo, es que nunca pude jugar en mi ciudad en un equipo de Liga. Por eso, veo jugando a mi hijo y a mi sobrino jugando en Chivilcoy y me llena de alegría porque tiene una connotación especial, no es lo mismo que jugar en otro lado. Estas jugando en tu ciudad, con tu gente, con tu familia. Eso lo hace especial, todo lo que vos logres o puedas hacer en tu ciudad tiene un sabor totalmente diferente a lo que puedas lograr en otro lado”.

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