Nuevas formulaciones de 2,4-D buscan reducir la deriva y mejorar la precisión en el campo

El escenario actual de las aplicaciones de fitosanitarios exige un análisis profundo sobre las herramientas disponibles para el control de malezas en la agricultura argentina. En este contexto, especialistas del sector enfatizan que no todas las opciones de 2,4-D responden de la misma manera durante las labores a campo, marcando diferencias sustanciales en materia de seguridad y eficiencia operativa.
La evolución tecnológica en el segmento de herbicidas ha puesto el foco en minimizar problemas históricos como el movimiento involuntario de producto fuera del lote objetivo. Compañías del sector, como Corteva Agriscience, han volcado esfuerzos en desarrollar alternativas basadas en sales específicas que logran un comportamiento diferencial durante y después de la pulverización.
Según detalló Matías Apestegui, integrante del área agronómica de la firma, el uso de compuestos específicos evita que el principio activo pase a fase vapor con facilidad. Esta característica resulta fundamental para impedir que el insumo se desplace hacia cultivos sensibles cercanos tras finalizar la aplicación en el establecimiento.
A su vez, la incorporación de co-formulantes específicos facilita la generación de gotas más uniformes y de mayor tamaño, dificultando su desvío por la acción del viento. Este rendimiento técnico se complementa con la utilización de pastillas de aire inducido, tales como los modelos AI o AIXR, recomendados para optimizar el trabajo.
De acuerdo con los registros técnicos de la empresa, la combinación de estas pautas operativas y tecnológicas posibilita una disminución significativa en la dispersión del producto. En concreto, se documenta una merma de hasta un 90% a 30 metros de la zona tratada si se compara con esquemas convencionales.
Estas innovaciones cobran relevancia frente a normativas vigentes en distritos como Córdoba, donde el uso del 2,4-D posee limitaciones específicas. Profesionales del área sugieren contemplar la evidencia científica de cada formulación particular para promover regulaciones basadas en el comportamiento real de los insumos.