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Seguridad vial y bomberos | Chivilcoy en alerta

25 de junio de 2026 · Hace 3 h
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Seguridad vial y bomberos | Chivilcoy en alerta

Lizaur advierte por el aumento de autos incendiados y reclama más educación vial para frenar los siniestros

El presidente de la Sociedad de Bomberos Voluntarios de Chivilcoy repasó la realidad del cuartel, habló del crecimiento de los accidentes con motos, describió el fuerte costo de sostener equipamiento moderno y confirmó la compra de un nuevo camión por casi 300 mil euros.

Jorge Lizaur pasó por la radio con una doble mirada que en Chivilcoy se le volvió inseparable: la del productor asesor de seguros que conoce de cerca los siniestros cotidianos y la del presidente de la comisión directiva de los Bomberos Voluntarios, una institución que vive en contacto permanente con las consecuencias de esos riesgos. Desde ese lugar, trazó un diagnóstico que va desde la cantidad de personas que circulan sin seguro hasta el crecimiento de los incendios de autos, pasando por un problema que lo inquieta especialmente: la forma en que muchas motos se mueven por la ciudad.

La conversación arrancó con una escena bastante reconocible para cualquiera que viva en una ciudad mediana del interior: un choque con un conductor sin cobertura. Lizaur admitió que existe un porcentaje de personas que sigue circulando sin seguro y lo vinculó, en parte, a la situación económica. No se animó a asegurar que hoy haya una diferencia abismal respecto de años anteriores, pero sí dejó en claro que el fenómeno existe y que se vuelve más preocupante a medida que aumenta el parque automotor y, con él, la posibilidad de una colisión inesperada.

En esa cadena de riesgos, las motos ocupan un lugar central. Lizaur dijo que, por lo que escucha en ámbitos vinculados al mercado asegurador y a la gestión de siniestros, se trata de una constante que no es exclusiva de Chivilcoy sino que se repite en muchas localidades. Aun así, llevó el problema a una experiencia personal muy concreta. Contó que más de una vez llegó a una esquina, miró y, cuando estaba por avanzar, se encontró con una moto encima. La explicación, según su mirada, combina falta de frenado, cálculo deficiente de la velocidad y una cultura vial que todavía no logra dimensionar el peligro real.

El presidente de Bomberos fue muy gráfico en ese punto. Dijo que muchas veces el motociclista parece asumir que quien viene en auto tiene que frenar sí o sí, mientras él conserva su ritmo y se expone al impacto. El problema no es solamente la imprudencia del otro, sino también el poco margen de maniobra que deja ese modo de circular. Para Lizaur, hay una tarea pendiente de educación vial mucho más profunda, una pedagogía sostenida que enseñe, por ejemplo, cuánto espacio y cuánto tiempo necesita una moto para detenerse antes de una esquina.

El casco, agregó, entra en esa misma discusión y todavía aparece demasiado asociado al control estatal en lugar de a la autoprotección. Según planteó, mucha gente sigue sintiendo que el casco se usa por el intendente o por tránsito, cuando en realidad es una barrera elemental para salvar la propia vida. La preocupación no es abstracta: dijo que se le pone la piel de gallina cuando ve motos con chicos arriba atravesando una esquina sin reducir velocidad. La combinación de fragilidad física, exposición y conducta riesgosa vuelve a ese vehículo uno de los puntos más sensibles de la seguridad urbana.

Desde ahí la charla pasó al otro tema que, según explicó, hoy desvela al sistema asegurador y también a Bomberos: los autos incendiados. Lizaur recordó que años atrás la gran problemática eran los robos de vehículos, un fenómeno que logró atenuarse con investigaciones, allanamientos a desarmaderos y mayor control. Hoy, en cambio, la atención está puesta en los incendios. Admitió que se investigan casos y que algunas situaciones resultan tan burdas que directamente no se pagan, pero sostuvo que, en términos generales, el volumen actual representa un cambio muy fuerte respecto de la normalidad de hace algunos años.

El dato más impactante fue el de la estadística del año pasado: Bomberos intervino en unos 60 incendios de autos en Chivilcoy. Lizaur lo contrastó con lo que sucedía cinco años atrás, cuando en una temporada completa podían registrarse siete, ocho o nueve casos. El salto no es menor y, aunque no todo puede leerse en clave de intencionalidad, sí obliga a pensar en mantenimiento, usos inadecuados y controles más atentos. Cuando se le preguntó por el GNC, explicó que un vehículo convertido puede tener algún riesgo adicional si se descuidó el mantenimiento o si, después de mucho tiempo de usar gas, se vuelve a la nafta con mangueras resecas o sistemas deteriorados.

En ese punto introdujo una precisión importante: el equipo de GNC debe declararse a la compañía, aunque eso no necesariamente encarezca la póliza. Para Lizaur, la lógica es clara. El asegurado tiene que informar el riesgo real que presenta el vehículo y el productor debe preguntar. El conocimiento exacto del objeto asegurado no es una formalidad administrativa, sino parte del modo en que se evalúan responsabilidades y coberturas en un siniestro. Esa observación, viniendo de alguien que está de los dos lados del problema, refuerza la idea de que la prevención empieza mucho antes del incendio.

Cuando la conversación giró hacia la institución bomberil, el tono se volvió más íntimo. Lizaur reconoció que 2026 es un año atípico y golpeado por la muerte de Juan Marcelo Alagia. La pérdida, dijo, afectó mucho al cuartel y llevó incluso a suspender el tradicional chocolate, en parte por falta de ánimo y en parte por respeto. Lo definió como una persona muy educada, muy compañera y muy valorada dentro del cuerpo. El homenaje no fue protocolar, sino el reconocimiento de alguien cuya ausencia todavía pesa en la rutina interna y en el ánimo de quienes sostienen la institución.

Aun en ese contexto, Bomberos sigue adelante con proyectos de renovación muy exigentes. Lizaur confirmó que ya firmaron contrato e hicieron el adelanto para la compra de un nuevo camión que será carrozado en Portugal por la empresa Jacinto, especializada en unidades para bomberos y fuerzas especiales y vinculada a fabricantes como Mercedes Benz y Renault. Explicó que la institución llegó a esa alternativa a partir de la experiencia previa con Kronenburg, una firma radicada en Pilar a la que ya le compraron cuatro camiones, entre ellos la hidroescalera que hoy consideran un orgullo operativo.

El nuevo vehículo demandará una inversión cercana a los 300 mil euros. La cifra, por sí sola, explica una parte del desafío de administrar una entidad que funciona con recursos siempre finitos y necesidades crecientes. Lizaur habló de rifas, alquileres, cocheras, subsidios y aportes municipales, pero también del esfuerzo cotidiano que implica juntar de a poco un capital enorme para una compra estratégica. La escala de ese compromiso económico se vuelve más clara cuando se la compara con otros gastos también indispensables: los equipos autónomos, por ejemplo, cuestan casi 3 mil dólares cada uno y el cuartel necesita más de 40.

El dirigente aclaró que no se trata solo de comprar un camión nuevo, sino de sostener un estándar operativo completo. Están renovando los equipos de respiración, reemplazando tubos viejos de aluminio por modelos de fibra de carbono que pesan varios kilos menos y mejoran de manera sensible la tarea del bombero. También adquirieron una batería de recarga para esos equipos, otra inversión relevante. Cada mejora impacta directamente en la seguridad de quienes entran a una casa incendiada o intervienen en un vehículo en llamas. En ese sentido, la modernización no es un lujo, sino una condición para seguir trabajando con eficacia y menor exposición.

Sobre los ingresos, Lizaur detalló un esquema heterogéneo. Hay un aporte anual de la provincia que consideró bajo, un subsidio nacional algo más importante y un porcentaje de la tasa de seguridad municipal que se distribuye mes a mes. A eso se suman ingresos propios como cocheras, locales y rifas, además del acompañamiento de empresas que colaboran con actividades puntuales. Sin embargo, remarcó que el cuartel gasta entre 15 y 20 millones de pesos por mes para sostener toda su estructura. Solo el combustible, dijo, puede representar varios millones, sin contar mantenimiento, equipamiento, capacitaciones y reposiciones.

En la ruta 5, además, la ecuación adquiere otra dimensión. Lizaur recordó que hace algunos años existían aportes vinculados al peaje y que incluso, al inicio de su presidencia, se llegó a firmar un convenio que terminó durando muy poco. Hoy no hay un respaldo específico pese al volumen de trabajo que la ruta genera para Bomberos. Si bien señaló que los accidentes habían bajado un poco, también recordó que el cuartel mantiene un promedio de entre mil y mil cien salidas anuales, entre incendios forestales, siniestros urbanos y emergencias viales. La magnitud del despliegue diario ayuda a entender por qué la discusión sobre recursos nunca se agota.

Las acciones de Bomberos no se limitan a apagar incendios o rescatar víctimas. Lizaur destacó también las tareas de capacitación abiertas a la comunidad, como las jornadas recientes de RCP, maniobra de Heimlich y prevención por escapes de gas o monóxido de carbono, realizadas junto a Camuzzi y con una fuerte convocatoria. Considera que allí también se juega una parte del rol institucional: mostrar qué se hace con los recursos y, al mismo tiempo, ofrecer herramientas de prevención. En un invierno donde el monóxido de carbono vuelve a aparecer como amenaza silenciosa, ese trabajo formativo adquiere un valor especial.

Hacia el final, la charla derivó en la política, un terreno en el que Lizaur reconoce interés pero no voluntad inmediata de participación más activa. Dijo que le gusta la política bien ejercida y que ha recibido propuestas de sectores afines a sus ideas, aunque entiende que hoy no están dadas las condiciones. Más allá de esa respuesta, quedó una definición que resume bastante bien su estilo de conducción: llegar a la noche y dormir tranquilo. En tiempos de liderazgos frágiles y desconfianza social, su apuesta parece ir por otro lado. En Bomberos, al menos, insiste en algo más simple y más difícil: trabajo en equipo, cuentas prolijas y una institución que siga estando a la altura de la confianza que la comunidad deposita en ella.

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