Soja y granos: por qué una mayor producción global no garantiza mayor disponibilidad de mercadería

El mercado internacional de granos transita una paradoja compleja donde el incremento en los volúmenes cosechados no se traduce automáticamente en una mayor oferta disponible para el comercio global. Las limitaciones logísticas en el transporte y las nuevas exigencias normativas alteran las proyecciones para los próximos meses.
De acuerdo con las estimaciones del Banco Mundial, se prevé un aumento acumulado del 18% en el precio de los commodities agrícolas entre 2026 y 2027. Este escenario se configura a pesar de que el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) reportó existencias globales elevadas, con reservas de maíz y trigo que superan los 785 millones de toneladas en todo el planeta.
En el corto plazo, los precios internacionales operan bajo la presión de factores bajistas. Entre ellos se destacan la mayor competitividad exportadora de Brasil tras la volatilidad cambiaria de su moneda frente al dólar, la culminación de la cosecha récord de soja en Estados Unidos y el avance sostenido de la siembra de la campaña 2026/27 en Brasil, que ya cubrió más del 30% del área prevista, en simultáneo con el inicio exitoso de las labores en la Argentina.
Sin embargo, el panorama cambia al analizar el mediano plazo para el complejo agrícola nacional. La normativa EUDR implementada por la Unión Europea, que exige certificar que las importaciones de soja no provienen de tierras deforestadas mediante una trazabilidad auditable, comenzará a regir el 30 de diciembre de 2026 para medianas y grandes empresas, y el 30 de junio de 2027 para el resto.
Esta regulación europea genera un impacto asimétrico que beneficia comparativamente a la Argentina frente a Brasil. Las exigencias golpean con mayor dureza las extensas cadenas logísticas brasileñas debido a la gran distancia entre las zonas productivas y los puertos centrales, lo que podría dejar sin salida cerca de 4 millones de toneladas de harina de soja.
Por el contrario, la cercanía del complejo portuario y de procesamiento de la zona núcleo argentina representa una ventaja logística decisiva. Como respaldo a esta situación, la Federación Europea de Fabricantes de Piensos Compuestos (Fefac) calificó a la producción de soja argentina con riesgo bajo, mientras que Brasil obtuvo una calificación de riesgo medio debido a las dificultades para rastrear el origen del grano en regiones profundas.