Tambos frente a El Niño: claves técnicas para manejar el barro y proteger las vacas

Las precipitaciones persistentes que pronostica el fenómeno climático ponen en alerta a los establecimientos lecheros del país. La acumulación de agua satura los suelos, destruye los caminos internos y dificulta el traslado tanto de la hacienda como de los vehículos que transportan la producción diaria.
Frente a este panorama, las pautas surgieron desde el comité lechero internacional para ayudar a los productores a anticiparse al deterioro operativo. Mantener los accesos limpios, revisar desagües y proteger los sectores de mayor tránsito animal resultan medidas indispensables para sostener la actividad sin poner en riesgo al personal.
El impacto del barro sobre los animales no es menor. Las superficies húmedas disminuyen drásticamente el tiempo de descanso, aumentan las patologías podales y exponen las ubres a mayores riesgos sanitarios. Pruebas experimentales reflejaron que las vacas multíparas descansan apenas 3,2 horas con barro en comparación con las 12,5 horas logradas sobre pisos secos.
Hoy en día, el territorio nacional atraviesa una etapa de profunda concentración en su esquema productivo. Tan solo se necesitan 600 establecimientos para concentrar el 33% de la leche de Argentina, al tiempo que unos 8 mil tambos hacen malabares con el fin de sobrevivir frente a contextos económicos y climáticos adversos.
A pesar de las dificultades del sector, surgen apuestas productivas innovadoras en distintos puntos de la provincia de Buenos Aires. En esa línea, Braulio Luquez Piazza abrió un tambo con 850 vacas en Azul bajo sistema neozelandés, demostrando que es viable desafiar al clima mediante la optimización de los recursos pastoriles.